jueves, 5 de enero de 2012

¿Ayudamos a la oveja herida?

“Den su apoyo a los débiles” — 1 Tes. 5:14

Cuando se siente mal, ¿a quién acude? Si es una enfermedad física, seguramente querrá recurrir a su médico, ¿no es cierto? Pero, ¿qué sucede si es una enfermedad espiritual? Vez tras vez se compara a los ancianos de congregación como médicos que pueden ayudarnos a sanar espiritualmente, especialmente si hemos cometido pecados graves y necesitamos ayuda para recibir el perdón de Jehová.

Santiago 5:14 dice: “¿Hay alguno enfermo entre ustedes? Que llame a [sí] a los ancianos”. Aunque el discípulo no habla específicamente de pecados graves en este versículo, es obvio que cuando alguien pecó, ¡es porque está enfermo espiritualmente! De hecho, los versículos siguientes sí hablan de la confesión y el perdón de pecados.

Muchos hermanos han seguido esta amonestación y ha acudido a los ancianos solicitando ayuda para reponerse espiritualmente. Quieren tener una posición limpia delante de Jehová y por ello confiesan sus transgresiones, ¿cómo debería ver la congregación a estos cristianos?

CUANDO ALGUIEN ES CENSURADO PÚBLICAMENTE

Durante la audiencia con el comité judicial, los ancianos de la congregación evalúan el grado de arrepentimiento de la persona. Cuando alguien rechaza de plano las normas de Jehová y deja que el pecado sea una práctica en su vida y no muestra ningún arrepentimiento, los ancianos obedecen la exhortación bíblica: “Remuevan al [hombre] inicuo de entre ustedes” (1 Cor. 5:13).

Sin embargo, la gran mayoría de personas que acuden a los ancianos, van buscando ayuda. En caso de probarse que la persona está sinceramente arrepentida, los ancianos procuran curar a esta persona, “untándolo con aceite en el nombre de Jehová” (Compare Santiago 5:14 con Salmo 141:5). Esta acción implica reprensión, censura (2 Tim. 4:2). Cuando el pecado es de conocimiento general, los ancianos hacen un anuncio a la congregación informando que la persona ha sido censurada. ¿Cómo deberíamos ver a los hermanos que fueron censurados?

Primero, debemos recordar que no están bajo censura, como si estuvieran bajo una especie de prueba o algo así. Ellos ya han sido censurados y hay evidencia de que han corregido su mal proceder; de lo contrario hubieran sido expulsados de la congregación.

Hay quienes ven a estos hermanos como “malas compañías”. Es cierto que espiritualmente no están tan saludables como se espera de la mayoría de hermanos de la congregación. ¿Implica esto que debemos cortar todo trato social con esta persona? No es lo que el esclavo fiel y discreto ha dicho. Sin embargo, si algún hermano tiene razones para considerar a alguien que fue censurado como “mala compañía”, está en su derecho de evitar el compañerismo estrecho con este hermano. Sin embargo, antes de proceder de ese modo preguntémonos: ¿Tengo razones sólidas para creer que puede ser mala influencia para mí? ¿Hay motivos para creer que aún continúa practicando el pecado? ¿O será que estoy tomando la actitud del fariseo de la ilustración de Lucas 18:9-14?

En cualquier caso, nuestro principal interés debería ser amar a Jehová y mostrar amor al prójimo. Seguimos la exhortación de 1 Juan 3:18 de no amar sólo de palabra y con la lengua, sino en hecho y verdad. Por lo tanto, antes de apresurarnos a juzgar a un hermano, evaluamos si podemos ayudarlo a recuperar fuerzas espirituales y evitamos cualquier actitud farisaica que evidencia que nos consideramos demasiado justos (Eclesiastés 7:16).

Es cierto que los ancianos que componen el comité judicial tienen la responsabilidad de ayudar a la oveja bajo su cuidado, pero todos los miembros podemos hacer que esta se sienta apreciada en la congregación, y que continúe con el deseo de permanecer en ella. Pero, ¿qué sucede si pareciera que los ancianos han abandonado a la oveja?

¿UNA OVEJA HERIDA ABANDONADA?

Cuando un hermano acepta ser anciano de congregación, acepta la responsabilidad de cuidar de las ovejas. A partir de ese momento tiene la obligación de velar por las almas de los hermanos (1 Ped. 5:1-4). Especialmente cuando un hermano precisa ayuda ellos recuerdan que tienen la responsabilidad de juzgar y ayudar en representación de Jehová. Por eso procuran tratar con amor, dignidad y respeto a las ovejas. Tratan con paciencia a las ovejas heridas que desean ser sanadas.

Los ancianos saben que la ayuda no se puede brindar en una única audiencia con el comité judicial. La ayuda que la oveja precisa debe ser continua hasta que esté plenamente recuperada. Los ancianos deben ayudarla a no caer de nuevo en el pecado.

Sin embargo, muchas veces hay hermanos que se han sentido abandonados por los ancianos de la congregación, ¿qué es lo que realmente ha sucedido en estos casos? ¿Cómo podemos ayudar a un hermano que se siente de esa forma?

Primero que nada, recordemos que los ancianos siguen siendo imperfectos igual que nosotros. Aparte de ver nuestros problemas, ellos deben atender muchas responsabilidades en la congregación, quizás atender otros casos judiciales, y aparte, atender su trabajo, su esposa y quizás sus hijos. ¿Están los ancianos a nuestras órdenes para cuando nosotros lo queramos? Por supuesto que no. Ellos limitan tiempo de sus propias actividades para atender nuestros asuntos. ¿No deberíamos estar agradecidos por ello?

¿Justificaría esto que un hermano enfermo espiritualmente sea abandonado tras el comité judicial? ¡De ninguna manera! Recordemos que tras ser recomendado como anciano, y ser aprobada esta solicitud, queda en manos del hermano si aceptará el nombramiento o no, y al aceptar ese cargo, el hermano anciano ha aceptado con ella todas las responsabilidades y obligaciones que como consecuencia vienen. Se espera que ellos estén listos a ayudarnos. Y no hace falta mucho tiempo para que briden ayuda. Basta con que en el ministerio del campo o en las reuniones cristianas muestre un poco de interés en el hermano que ha sido censurado.

¿Qué pasa cuando un hermano se queja con nosotros de que ha sido abandonado por los ancianos? No nos apresuremos a juzgar ninguna de las dos partes. Jehová no nos ha dado el derecho de hacerlo. Consideremos todas las posibilidades, y en lo posible, mantengámonos neutrales en el asunto y siempre procuremos animar al hermano que fue censurado.

Si no tenemos equilibrio podríamos caer en dos serios problemas ante esta situación. El primer problema podría deberse a nuestro celo por la verdad y nuestro amor por la organización terrestre de Jehová. Quizás lleguemos a la conclusión de que los ancianos en verdad han hecho todo lo que está en sus manos, pero que el hermano ha mostrado necedad y no se ha dejado ayudar, pero, ¿nos consta que esto ha sido así? Al insinuar que los ancianos siempre están en lo correcto, y que es el hermano el del problema, ¿podría ser que nos estemos pareciendo a los falsos amigos de Job, que lo culparon de todos sus males diciendo que Jehová era justo y que el hombre no merece nada bueno de parte de él? Recordemos, los ancianos son imperfectos y no nos consta qué han hecho o dejado de hacer a fin de ayudar al hermano. En vista de esto, es mejor no culpar al hermano. Es cierto que si no hubiera descuidado su espiritualidad no se enfrentaría a tal situación, pero debemos procurar, no ver lo que hizo o dejó de hacer, sino cómo podemos ayudarlo de ahora en adelante.

Pero podría presentarse el otro problema, totalmente opuesto a este primero. Quizás con el afán de animar al hermano le demos la razón en todo lo que dice, y hasta critiquemos a los ancianos. ¡Este sería otro gran error! Tanto el apóstol Pedro como el discípulo Judas advirtieron con claridad —e incluso severidad— sobre la crítica a los ancianos. Se dice de las personas que caen en la murmuración que son “olas bravas del mar, que lanzan como espuma sus propias causas de vergüenza; estrellas sin rumbo fijo, para las cuales la negrura de la oscuridad permanece reservada para siempre” (Judas 13). ¡No queremos que se diga eso de nosotros! No debemos ignorar el hecho de que no sabemos qué ocurrió con exactitud durante la audiencia con el comité judicial o qué arreglos tienen hechos ya los ancianos para ayudar al hermano. En vista de que no tenemos todos los detalles y nunca los tendremos, recordemos estas palabras: “Sin embargo, estos [hombres] están hablando injuriosamente de todas las cosas que realmente no conocen; pero [en cuanto a] todas las cosas que sí entienden naturalmente como los animales irracionales, en estas cosas siguen corrompiéndose” (Judas 10; compárese con 2 Pedro 2:12).

En vista de esto, ¿no deberíamos mantenernos al margen de la disputa sobre quién está mal? Jehová no nos ha concedido el derecho de juzgar este tipo de situaciones, y si los ancianos han hecho bien su trabajo o no, es algo por lo cuál ellos mismos deberán entregar cuentas a Jehová, ¿no es este hecho suficientemente serio?

Por lo tanto, evitemos por todos los medios ponernos a favor o en contra de un hermano en esta situación. Evitemos bajo toda circunstancia la murmuración, pero también evitemos juzgar al hermano. Procuremos ayudarlo. Hagamos que se sienta amado en la congregación y recordémosle el amor que Jehová le tiene. No dejemos que una oveja herida muera espiritualmente.

No sólo los ancianos pueden ayudar a las ovejas lastimadas; todos podemos tomar parte en esta labor. Sigamos, por lo tanto, el consejo del apóstol Pablo a los tesalonicenses: “hablen confortadoramente a las almas abatidas, den su apoyo a los débiles” (1 Tes. 5:14).

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