NUEVA YORK — Los Testigos de Jehová apelarán la decisión de un jurado de California en un caso que envuelve presuntos actos de abuso de menores.
El jurado dictó el pago de una cifra multimillonaria por daños a una mujer que alega que fue abusada por un miembro de una congregación local de los testigos de Jehová cuando era niña. En el juicio, la demandante alegó que las políticas de la Watchtower Bible and Tract Society contribuyeron al supuesto abuso. “Nosotros respetuosamente estamos en desacuerdo con la decisión del jurado. Esta es la primera vez que una organización es encontrada responsable por los supuestos delitos de un miembro que no mantiene una posición de liderazgo o autoridad,” dijo James McCabe, un abogado que representa a la Watchtower en este caso. “Lamentamos bastante cualquier daño que esta chica haya sufrido. Sin embargo, la organización no es responsable. Ahora acudimos a la Corte de Apelaciones para una revisión de este caso.”
J. R. Brown, un portavoz de la central mundial de los testigos de Jehová, comentó: “El hecho de que los testigos de Jehová aborrecen el abuso de menores, y se esfuerzan por proteger a los niños de tales actos, es bastante conocido. Los miembros individuales de una organización deben ser, en último caso, los responsables por sus propias acciones, particularmente cuando son tan flagrantes contra las normas morales y principios de una organización y sociedad.”
Traducción del comunicado oficial. La versión original en inglés puede leerla en http://www.jw-media.org/usa/20120620.htm
sábado, 23 de junio de 2012
jueves, 7 de junio de 2012
¿Qué lo hace un “Cristiano”?
“En esto todos conocerán que ustedes son mis discípulos”
— Juan 13:35 —
Ninguna de las características anteriormente descritas hace a un grupo o a una persona un cristiano verdadero. De hecho, ni siquiera es suficiente con sólo creer que Dios envió a su hijo a la tierra a morir por la humanidad. El discípulo Santiago dijo: “Tú crees que hay un solo Dios, ¿verdad? Haces bastante bien. Y sin embargo los demonios creen y se estremecen.” (Santiago 2:19) Y ciertamente, los demonios no sólo creen en Dios, sino saben muy bien que Jesucristo es el hijo del Dios vivo. En una ocasión un demonio le dijo a Jesús: “Sé exactamente quién eres: el Santo de Dios.” (Lucas 4:34, 41) Así que, el que alguien crea que Jesús es el hijo de Dios, que vino y dio su vida por la humanidad, y que actualmente está en los cielos, no necesariamente lo hace cristiano. Cree en Jesús, pero, ¿de verdad es cristiano?
¿Cómo saber quién es un cristiano verdadero? Más importante que eso, ¿qué hace que yo sea un cristiano verdadero? Recordemos que ser cristiano es ser un seguidor de Cristo; no basta con creer en él, hay que imitarlo. El apóstol Pedro dijo: “Cristo sufrió por ustedes, dejándoles dechado para que sigan sus pasos con sumo cuidado y atención.” (1 Pedro 2:21) ¿Cómo podemos seguir sus pasos con sumo cuidado y atención? Pues el apóstol dice que Cristo nos dejó un modelo a seguir, ¿y en dónde encontramos ese modelo? En las Escrituras Griegas Cristianas, especialmente en los cuatro evangelios, en donde se relatan en detalle las enseñanzas y actitudes de nuestro Señor. Por eso, es de suma importancia que leamos diariamente la Biblia, para conocer a Cristo. Únicamente si conocemos la personalidad y las enseñanzas de Jesús podremos seguir sus pasos. Entonces, si alguien no estudia su Biblia, ¿verdaderamente podría ser un cristiano?
Por otro lado, la antigüedad de una poderosa organización religiosa tampoco la hace necesariamente cristiana. ¿Cómo podría una iglesia denominarse “cristiana”, cuando se ha hecho culpable de odio, derramamiento de sangre y abusos de la autoridad? ¿Realmente han imitado a Jesucristo al inmiscuirse en la política y dar su bendición a las guerras? Más significativamente, ¿cómo puede alguna organización religiosa llamarse “cristiana” cuando se ha desviado por completo de las enseñanzas de Jesucristo? Por ejemplo, Jesús dijo con tanta claridad: “El Padre es mayor que yo” (Juan 14:28) ¿Es de cristianos el enseñar lo contrario, a saber, que Jesucristo es igual al Padre? Vemos que en muchos casos, de hecho, en toda la cristiandad, existen actitudes y enseñanzas que atentan contra el cristianismo verdadero.
La ejecución de obras poderosas tampoco es garantía de que una organización o iglesia está compuesta por cristianos verdaderos. Es del todo cierto que Jesús dijo: “Al ir, prediquen, diciendo: ‘El reino de los cielos se ha acercado’. Curen enfermos, levanten muertos, limpien leprosos, expulsen demonios.” (Mateo 5:7) Ha de notarse que esas características distinguirían a los cristianos primitivos, durante el siglo I, pues Jesús nunca dijo que esas características continuarían por siglos. De hecho, la única señal identificadora de los cristianos verdaderos durante los últimos días, de las mencionadas en ese versículo, sería predicar el Reino de Dios. ¿Quiénes están predicando el Reino de Dios en todo el mundo? ¿Lo hacen las iglesias? No. Es más, en su vasta mayoría ignoran qué es el Reino de Dios, y creen y enseñan que este es un estado o condición de corazón. Para los últimos días Jesús también habló de la expulsión demoníaca, pero no dijo que esta sería practicada por sus seguidores verdaderos, sino más bien, por “obradores del desafuero” (Mateo 7:21-23). Además, sobre las obras poderosas, el apóstol Pablo escribió bajo inspiración divina: “el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá.” (1 Corintios 13:8, La Biblia al Día) Así que ni hablar en lenguas, ni "profetizar", ni creer tener conocimiento milagroso, ni expulsar demonios lo hace a uno un cristiano verdadero, entonces ¿qué nos hace cristianos?
Ya señalamos la importancia de seguir a Jesucristo, es decir, imitar su forma de hablar, actuar y tratar a otros. Pero hay una cualidad sobresaliente que nos hace verdaderos cristianos, y esta fue señalada por el apóstol Pablo. Tras decir que los dones milagrosos desaparecerían, dijo: “sin embargo, permanecen la fe, la esperanza, el amor, estos tres; pero el mayor de estos es el amor.” (1 Corintios 13:13) ¿Notó? Dijo: “el mayor de estos es el amor”. Es más, esa sería la señal identificadora de los verdaderos discípulos de Cristo, pues él dijo: “En esto todos conocerán que ustedes son mis discípulos, si tienen amor entre sí”. (Juan 13:35). Es el amor el que nos une como una hermandad mundial, en donde no existe odio racial ni distinción de clases. Verdaderamente pertenecemos a un conjunto de cristianos verdaderos que han desplegado verdadero amor, aún en circunstancias difíciles. Miles de hermanos nuestros han preferido la cárcel en tiempos de guerra, en lugar de ir y matar a su prójimo. ¡Todo lo contrario a las iglesias de la cristiandad!
Pero pertenecer a la organización de Dios no nos hace, de forma individual, cristianos. ¿Por qué no? Porque debemos imitar a Cristo y mostrar amor de forma personal e individual. Por eso es apropiado que nos preguntamos: “¿Soy yo un verdadero cristiano?” Para eso es importante que despleguemos amor en toda faceta de nuestra vida. Obviamente, mostrar amor no es lo único que se requiere, pero es una de las cosas más importantes. Tome en cuenta que Jesús dijo: “Les doy un nuevo mandamiento: que se amen unos a otros; así como yo los he amado, que ustedes también se amen los unos a los otros.” (Juan 13:34) Entonces, ¿qué clase de amor mostró Jesús, y cómo podemos imitarlo al amar así a nuestros hermanos? ¿Tenemos la obligación de amar únicamente a nuestros hermanos en la fe? Esas cuestiones se tratarán en las siguientes semanas, en donde nos dedicaremos a hablar detenidamente de la cualidad del amor, y de cómo mostrarlo, tanto dentro como fuera de la congregación.
Etiquetas:
amor,
cristianos,
cristo
martes, 15 de mayo de 2012
Nuestra historia teocrática · "Alabadle más y más"
Para tener publicaciones de este blog de forma más constante incluiremos una nueva sección titulada "Nuestra historia teocrática", que se publicará una vez al mes y que incluirá algún dato interesante que forma parte de nuestra historia teocrática. De vez en cuando pondremos para descarga archivos de interés.
Para iniciar esta sección publicamos algo que todo amante de la música y de nuestros cánticos del Reino querrá tener, y es un cántico del cancionero "Cánticos de alabanza a Jehová", que se usó de 1950 a 1966 (en español de 1953 a 1969). Es el cántico número 40 de ese cancionero y se titulaba "Alabadle más y más". Es un hermoso arreglo en piano de esa época. ¡Esperamos que lo disfruten!
http://www.mediafire.com/?abvxw6vgb7gd4kd
Para iniciar esta sección publicamos algo que todo amante de la música y de nuestros cánticos del Reino querrá tener, y es un cántico del cancionero "Cánticos de alabanza a Jehová", que se usó de 1950 a 1966 (en español de 1953 a 1969). Es el cántico número 40 de ese cancionero y se titulaba "Alabadle más y más". Es un hermoso arreglo en piano de esa época. ¡Esperamos que lo disfruten!
http://www.mediafire.com/?abvxw6vgb7gd4kd
domingo, 6 de mayo de 2012
¡El curso musical está de vuelta!
"Cántenle una canción nueva; esmérense en tocar las cuerdas junto con gozoso gritar." - Salmo 33:3
Han pasado tres años desde que empezamos a usar el cancionero "Cantemos a Jehová", y muchos de nosotros aún hablamos de él como "el cancionero nuevo". La organización usó por 25 años el libro Canten Alabanzas a Jehová, y aunque han pasado 3 años desde el cambio, algunos hermanos aún están en el proceso de aprendizaje de letras y melodías nuevas.
A fin de ayudar a todos los hermanos que no tienen conocimientos musicales en 2010 publicamos en este blog un curso musical explicando en detalle los aspectos melódicos de nuestro cancionero. Lo remitimos a ese post antiguo (con el link actualizado) para que analice los detalles del curso (clic aquí para ver el post).
Ahora alojamos nuestro curso (en su versión sin extras) en Mediafire. Les recordamos que el curso fue creado por el administrador de este blog, así que no viola ninguna ley de derechos de autor.
Al mismo tiempo aprovechamos para recordarle que puede publicar este curso musical en su página, y dárselo a otros hermanos con la condición de dejar intacta la página de Copyright del curso. Sin más que decir, ponemos el link para descarga, esperando que Jehová bendiga sus esfuerzos por aprender cómo mejorar nuestras alabanzas a él.
http://www.mediafire.com/?uqas801bq13dhvq
Etiquetas:
cancionero,
cantar,
cantemos,
cantemos a jehova,
canticos,
curso musical,
testigos de jehova
martes, 1 de mayo de 2012
¿Por qué el mundo nos odia?
“Si ustedes fueran parte del mundo, el mundo le tendría afecto a lo que es suyo” - Juan 17:19
Como usuario de internet se da cuenta que no es raro encontrar mentiras descaradas, medias verdades, burlas, insultos o chistes de mal gusto sobre nosotros, los testigos de Jehová, y como humano con sentimientos es obvio que le causa molestia, pero, ¿sabe por qué somos objeto de tales actitudes y cómo debemos reaccionar ante ellas? Existen tres razones básicas por las cuales somos odiados y las veremos en esta entrada.1) No somos parte del mundo: Esta, quizás, sea la principal razón. Jesús dijo con claridad: “Si ustedes fueran parte del mundo, el mundo le tendría afecto a lo que es suyo. Ahora bien, porque ustedes no son parte del mundo, sino que yo los he escogido del mundo, a causa de esto el mundo los odia” (Juan 17:19, 20). No nos extraña, en realidad no somos como la gente del mundo; somos muy diferentes a ellas, y sabemos que la actitud de la mayor parte de personas es cerrarse a lo que es diferente a ellas. Los cristianos estamos dispuestos a ir contra la corriente. Seguimos el consejo del apóstol Pablo de ‘cesar de amoldarnos a este sistema de cosas’ y defendemos con tenacidad elevadas normas morales y de conducta (Romanos 12:2). En vista de eso, ¿le extraña ser objeto de burlas por parte de muchos no cristianos?
2) Satanás influye en la actitud mental de muchos: El apóstol Pablo habló del “espíritu que ahora opera en los hijos de la desobediencia” (Efesios 2:2). Sabemos que ese espíritu es la actitud general que domina a la mayor parte de personas de este mundo, ¿y de dónde proviene ese espíritu? En ese mismo versículo la Biblia habla del “gobernante de la autoridad del aire”, ese aire es lo mismo que el “espíritu del mundo”, y es obvio que ese gobernante es Satanás el Diablo. Jesús lo llamó el “gobernante de este mundo” y el apóstol Pablo dijo bajo inspiración: “tenemos una lucha, no contra sangre y carne, sino contra los gobiernos, contra las autoridades, contra los gobernantes mundiales de esta oscuridad, contra las fuerzas espirituales inicuas en los lugares celestiales” (Efesios 6:11, 12). De modo que valiéndose de su influencia en las personas Satanás se vale para atacarnos. Recuerde que la palabra griega usada en este texto para “lucha” (πάλη, pále) significa literalmente “lucha cuerpo a cuerpo”, así que Satanás usa cualquier medio para desanimarnos.
3) Por nuestro mensaje: Refiriéndose a la costumbre romana de hacer procesiones triunfales en donde llevaban como esclavos a los vencidos en batalla el apóstol Pablo dijo: “¡Mas gracias a Dios que siempre nos conduce en una procesión triunfal en compañía con el Cristo y hace que el olor del conocimiento de él sea perceptible en todo lugar por medio de nosotros!” (2 Cor. 2:14). En esas procesiones se solía quemar especias perfumadas. Ese aroma es comparado al mensaje de Cristo que los cristianos predicamos. Pero luego el apóstol pasa a decir: “Porque somos para Dios un olor grato de Cristo entre los que están siendo salvados” (v. 15). En las procesiones triunfales del mundo romano los perfumes que llenaban las calles eran un olor que era grato; un olor que anunciaba victoria. De la misma forma, nuestra predicación es un olor grato para Jehová y para las personas que están dispuestas para vida eterna. Estas son aquellas que aceptan el mensaje bíblico con disposición de ánimo, “los que están siendo salvados” y que obtendrán la vida eterna pues el versículo 16 dice de estas personas que es “un olor que proviene de vida para vida” (Hechos 13:48). Pero el versículo continúa: “y entre los que están pereciendo; a estos un olor que proviene de muerte para muerte” ¿Qué significan esas palabras? En la procesión romana llevaban a los prisioneros de guerra. Puesto que habían sido vencidos el aroma de las especias perfumadas sólo eran un aroma de humillación y muerte; algo desagradable. Pues, lo mismo sucede con quienes rechazan el mensaje bíblico. Para ellos los testigos somos apestosos, molestos, debido a nuestro mensaje, somos “uno olor que proviene de muerte”, y, ¿cuál será el resultado? La Biblia responde: “muerte”. Es decir, para los ‘que están pereciendo’ olemos detestablemente.
Todo esto no nos extraña. Recordemos que por ser cristianos estaremos siempre en el ojo del huracán. Muchas personas no se fijan en el hecho de que la gran mayoría de testigos somos honrados, sociables, educados, cultos, excelentes ciudadanos. No, ellos sólo se fijan en lo que para ellos está mal. Bien dijo la Biblia sobre los apóstoles de Cristo: “porque hemos llegado a ser un espectáculo teatral al mundo, tanto a ángeles como a hombres” (1 Corintios 4:9). El hecho de que no seamos apóstoles de Cristo no es impedimento para ser el centro de atención. ¡Seguimos siendo odiados por aquellos ‘que están pereciendo’!
Pero eso no hace de nosotros personas amargadas o desdichadas. Jesús dijo: “Felices son ustedes cuando los vituperen y los persigan y mentirosamente digan toda suerte de cosa inicua contra ustedes por mi causa” (Mateo 5:11). En realidad, sería preocupante si tuviéramos la aprobación de todo el mundo. Recuerde que Jesús dijo que el mundo nos odia por no ser parte del mundo, así que si el mundo no nos odiara querría decir que somos parte del mundo, y las Escrituras dicen con claridad: “¿no saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Cualquiera, por lo tanto, que quiere ser amigo del mundo está constituyéndose enemigo de Dios” (Santiago 4:4).
Entonces, ¿cómo deberíamos reaccionar ante ataques, burlas e insultos? Es obvio que como humanos no somos inmunes a los sentimientos, pero recordar que esto es un indicio de que tenemos la aprobación divina hará que nos sintamos felices por ser vituperados por causa del nombre de Cristo. Además, recordar el ejemplo de Jesús mismo nos dará la respuesta sobre cómo actuar ante la apatía: “Cuando lo estaban injuriando, no se puso a injuriar en cambio. Cuando estaba sufriendo, no se puso a amenazar, sino que siguió encomendándose al que juzga con justicia” (1 Pedro 2:22). Y justo antes de decir esas palabras el apóstol Pedro señaló que Cristo dejó ese dechado para que siguiéramos “sus pasos con sumo cuidado y atención” (v. 21). De hecho, ese es el verdadero significado de la palabra “cristiano”: seguir los pasos de Cristo. Y ante situaciones en que se pone a prueba nuestro aguante y autodominio demostraremos que de verdad seguimos a Jesús, que de verdad amamos a nuestro prójimo y de que estamos conscientes del privilegio que tenemos de ser representantes del Dios Altísimo aquí en la tierra.
Así que no nos desanimemos por las burlas y la apatía, ‘grande es nuestro galardón’ si aguantamos todas estas pruebas. Apreciemos, por lo tanto, el privilegio que tenemos de ser odiados por causa del nombre de Cristo y no nos detengamos en nuestra importante labor de seguir santificando el nombre de Dios mediante nuestra predicación y nuestra conducta.
Etiquetas:
amistad con el mundo,
apatia,
burlas,
mensaje,
odio,
por qué,
predicacion,
testigos de jehova
viernes, 10 de febrero de 2012
El insuperable valor de la educación divina
“Pues, en cuanto a eso, de veras sí considero también que todas las cosas son pérdida a causa del sobresaliente valor del conocimiento de Cristo Jesús mi Señor. Por motivo de él he sufrido la pérdida de todas las cosas y las considero como un montón de basura, a fin de ganar a Cristo” — Filipenses 3:8
(Transcripción de un discurso de la Escuela del Ministerio Teocrático)
Todos sabemos que el apóstol Pablo era una persona educada y muy influyente en su comunidad. Y también sabemos que rechazó esa educación e influencia y que cambió su estilo de vida por convertirse al cristianismo, ¿por qué tomó esa decisión? Él nos lo explica en la carta a los filipenses capítulo 3 versículo 8. Dice: “Pues, en cuanto a eso, de veras sí considero también que todas las cosas son pérdida a causa del sobresaliente valor del conocimiento de Cristo Jesús mi Señor.” Es evidente, entonces, que él consideraba muy valioso el conocimiento de Cristo, pero, ¿por qué le daba tanto valor? Para entenderlo pensemos en la educación que nosotros hemos recibido y comparémosla con el conocimiento de las personas que este mundo considera sabias e influyentes.
Pongamos como ejemplo a un teólogo eminente y uno de los más influyentes del mundo, el Papa Benedicto XVI. El 28 de mayo de 2006, hablando del holocausto en el campo de concentración de Auschwitz se preguntó desconcertado: “¿Dónde estaba Dios en esos días? ¿Por qué permaneció callado? ¿Cómo pudo tolerar este exceso de destrucción[?]” Si el líder espiritual de cientos de millones de personas y cabeza espiritual de una iglesia considerada universal no sabe las respuestas a esas preguntas, ¿no se siente usted privilegiado al conocer esas respuestas bíblicas y poder explicárselas a otras personas? Y eso a pesar de que ninguno de los que estamos aquí presentes se considera un “teólogo eminente”.
Tal vez no nos hemos puesto a pensar en todo lo que sabemos gracias a la educación divina. Por ejemplo, quizás hemos hablado con líderes de iglesias que dicen haber estudiado teología en seminarios, o, por el contrario, tal vez hemos hablado con personas que saben de ciencia y dicen creer en la evolución. ¿Se ha dado cuenta de que Jehová nos ha educado en todos esos temas? Por ejemplo, ¿qué piensa de esta magnífica obra teólogica? (Muestra el folleto “¿Debería creer en la trinidad?"). O si hablamos de ciencia, ¿está usted familiarizado con estas excelentes obras de índole científica? (Muestra el folleto “El origen de la vida. Cinco cuestiones dignas de análisis” y el libro: “La vida… ¿cómo se presentó aquí? ¿por evolución o por creación?”). Esto demuestra que Jehová en verdad nos está educando en temas profundos, y nos está dando educación de la más alta calidad.
Pero el valor de la educación divina no se mide únicamente en su impacto intelectual. También debe tener un impacto en nuestras vidas. ¿Realmente influye en nuestras vidas esta educación?
Jehová, en Isaías 48:17 se presenta a sí mismo como ‘aquel que nos enseña para nuestro propio beneficio’. Pensemos en la información contenida en los dos tomos de la obra “Los jóvenes preguntan”. A lo largo de los años la organización nos ha dado publicaciones como: “La felicidad, ¿cómo hallarla?”, “Escogiendo el mejor modo de vivir” y “El secreto de la felicidad familiar”, ¿verdad que el aplicar el consejo de tales publicaciones hace que tengamos vidas satisfactorias y felices?
Note lo que Jesús dijo sobre toda esta educación. Abra su Biblia en el evangelio según Juan, en el capítulo 6 versículo 45, y acá Jesús está hablando de nosotros, los que hemos sido atraídos a él para ser sus discípulos. Dice: “Está escrito en los Profetas: ‘Y todos ellos serán enseñados por Jehová’”. Todas las publicaciones de las que hemos hablado son prueba de que Jehová, en realidad nos está enseñando.
Pero note la expresión de Jesús cuando dice: “Y todos ellos serán enseñados por Jehová”. Dice “todos”. Esto quiere decir que todos nosotros, todos los que estamos presentes esta noche, estamos siendo educados por Jehová. En vista de todos estos hechos, la pregunta que debe surgir en su mente y en mi mente es: “¿Estoy aprovechando al máximo la educación divina? ¿O la he dado por sentada?” Pero, ¿cómo hacemos para aprovechar la educación divina?
En primer lugar no debemos olvidar que el único medio que Jehová utiliza para revelarse a nosotros es este, la Santa Biblia (muestra una Biblia al público). Y Jehová quiere que la leamos todos los días, ¿estamos haciendo el esfuerzo por leerla diariamente?
También hemos hablado de las ayudas bíblicas que nos da a través de su organización terrestre. Tan sólo en los últimos 10 años se han publicado más de 400 números de las revistas La Atalaya y ¡Despertad! 15 libros, 17 folletos y muchas más publicaciones en muchos idiomas. ¿Procuramos mantenernos al día con la lectura de las publicaciones? Por ejemplo, ¿está por lo menos familiarizado con las publicaciones que se presentaron en la última asamblea de Distrito? ¿O en cuanto las recibió las guardó?
Finalmente, debemos continuar haciendo lo que estamos haciendo esta noche. El hecho de que estemos aquí reunidos indica que queremos ser educados por Jehová. Así que continuemos asistiendo asiduamente a las reuniones y asambleas.
Meditemos profundamente en todo lo que la educación divina ha hecho por nosotros. Leamos la palabra de Jehová diariamente y las publicaciones de la organización y no abandonemos el reunirnos. Demostrémosle a Jehová que apreciamos su conocimiento y demostremos con hechos que consideramos la educación divina como un tesoro de insuperable valor.
Etiquetas:
divina,
educacion,
jehova,
organizacion
jueves, 5 de enero de 2012
¿Ayudamos a la oveja herida?
“Den su apoyo a los débiles” — 1 Tes. 5:14
Cuando se siente mal, ¿a quién acude? Si es una enfermedad física, seguramente querrá recurrir a su médico, ¿no es cierto? Pero, ¿qué sucede si es una enfermedad espiritual? Vez tras vez se compara a los ancianos de congregación como médicos que pueden ayudarnos a sanar espiritualmente, especialmente si hemos cometido pecados graves y necesitamos ayuda para recibir el perdón de Jehová.
Santiago 5:14 dice: “¿Hay alguno enfermo entre ustedes? Que llame a [sí] a los ancianos”. Aunque el discípulo no habla específicamente de pecados graves en este versículo, es obvio que cuando alguien pecó, ¡es porque está enfermo espiritualmente! De hecho, los versículos siguientes sí hablan de la confesión y el perdón de pecados.
Muchos hermanos han seguido esta amonestación y ha acudido a los ancianos solicitando ayuda para reponerse espiritualmente. Quieren tener una posición limpia delante de Jehová y por ello confiesan sus transgresiones, ¿cómo debería ver la congregación a estos cristianos?
CUANDO ALGUIEN ES CENSURADO PÚBLICAMENTE
Durante la audiencia con el comité judicial, los ancianos de la congregación evalúan el grado de arrepentimiento de la persona. Cuando alguien rechaza de plano las normas de Jehová y deja que el pecado sea una práctica en su vida y no muestra ningún arrepentimiento, los ancianos obedecen la exhortación bíblica: “Remuevan al [hombre] inicuo de entre ustedes” (1 Cor. 5:13).
Sin embargo, la gran mayoría de personas que acuden a los ancianos, van buscando ayuda. En caso de probarse que la persona está sinceramente arrepentida, los ancianos procuran curar a esta persona, “untándolo con aceite en el nombre de Jehová” (Compare Santiago 5:14 con Salmo 141:5). Esta acción implica reprensión, censura (2 Tim. 4:2). Cuando el pecado es de conocimiento general, los ancianos hacen un anuncio a la congregación informando que la persona ha sido censurada. ¿Cómo deberíamos ver a los hermanos que fueron censurados?
Primero, debemos recordar que no están bajo censura, como si estuvieran bajo una especie de prueba o algo así. Ellos ya han sido censurados y hay evidencia de que han corregido su mal proceder; de lo contrario hubieran sido expulsados de la congregación.
Hay quienes ven a estos hermanos como “malas compañías”. Es cierto que espiritualmente no están tan saludables como se espera de la mayoría de hermanos de la congregación. ¿Implica esto que debemos cortar todo trato social con esta persona? No es lo que el esclavo fiel y discreto ha dicho. Sin embargo, si algún hermano tiene razones para considerar a alguien que fue censurado como “mala compañía”, está en su derecho de evitar el compañerismo estrecho con este hermano. Sin embargo, antes de proceder de ese modo preguntémonos: ¿Tengo razones sólidas para creer que puede ser mala influencia para mí? ¿Hay motivos para creer que aún continúa practicando el pecado? ¿O será que estoy tomando la actitud del fariseo de la ilustración de Lucas 18:9-14?
En cualquier caso, nuestro principal interés debería ser amar a Jehová y mostrar amor al prójimo. Seguimos la exhortación de 1 Juan 3:18 de no amar sólo de palabra y con la lengua, sino en hecho y verdad. Por lo tanto, antes de apresurarnos a juzgar a un hermano, evaluamos si podemos ayudarlo a recuperar fuerzas espirituales y evitamos cualquier actitud farisaica que evidencia que nos consideramos demasiado justos (Eclesiastés 7:16).
Es cierto que los ancianos que componen el comité judicial tienen la responsabilidad de ayudar a la oveja bajo su cuidado, pero todos los miembros podemos hacer que esta se sienta apreciada en la congregación, y que continúe con el deseo de permanecer en ella. Pero, ¿qué sucede si pareciera que los ancianos han abandonado a la oveja?
¿UNA OVEJA HERIDA ABANDONADA?
Cuando un hermano acepta ser anciano de congregación, acepta la responsabilidad de cuidar de las ovejas. A partir de ese momento tiene la obligación de velar por las almas de los hermanos (1 Ped. 5:1-4). Especialmente cuando un hermano precisa ayuda ellos recuerdan que tienen la responsabilidad de juzgar y ayudar en representación de Jehová. Por eso procuran tratar con amor, dignidad y respeto a las ovejas. Tratan con paciencia a las ovejas heridas que desean ser sanadas.
Los ancianos saben que la ayuda no se puede brindar en una única audiencia con el comité judicial. La ayuda que la oveja precisa debe ser continua hasta que esté plenamente recuperada. Los ancianos deben ayudarla a no caer de nuevo en el pecado.
Sin embargo, muchas veces hay hermanos que se han sentido abandonados por los ancianos de la congregación, ¿qué es lo que realmente ha sucedido en estos casos? ¿Cómo podemos ayudar a un hermano que se siente de esa forma?
Primero que nada, recordemos que los ancianos siguen siendo imperfectos igual que nosotros. Aparte de ver nuestros problemas, ellos deben atender muchas responsabilidades en la congregación, quizás atender otros casos judiciales, y aparte, atender su trabajo, su esposa y quizás sus hijos. ¿Están los ancianos a nuestras órdenes para cuando nosotros lo queramos? Por supuesto que no. Ellos limitan tiempo de sus propias actividades para atender nuestros asuntos. ¿No deberíamos estar agradecidos por ello?
¿Justificaría esto que un hermano enfermo espiritualmente sea abandonado tras el comité judicial? ¡De ninguna manera! Recordemos que tras ser recomendado como anciano, y ser aprobada esta solicitud, queda en manos del hermano si aceptará el nombramiento o no, y al aceptar ese cargo, el hermano anciano ha aceptado con ella todas las responsabilidades y obligaciones que como consecuencia vienen. Se espera que ellos estén listos a ayudarnos. Y no hace falta mucho tiempo para que briden ayuda. Basta con que en el ministerio del campo o en las reuniones cristianas muestre un poco de interés en el hermano que ha sido censurado.
¿Qué pasa cuando un hermano se queja con nosotros de que ha sido abandonado por los ancianos? No nos apresuremos a juzgar ninguna de las dos partes. Jehová no nos ha dado el derecho de hacerlo. Consideremos todas las posibilidades, y en lo posible, mantengámonos neutrales en el asunto y siempre procuremos animar al hermano que fue censurado.
Si no tenemos equilibrio podríamos caer en dos serios problemas ante esta situación. El primer problema podría deberse a nuestro celo por la verdad y nuestro amor por la organización terrestre de Jehová. Quizás lleguemos a la conclusión de que los ancianos en verdad han hecho todo lo que está en sus manos, pero que el hermano ha mostrado necedad y no se ha dejado ayudar, pero, ¿nos consta que esto ha sido así? Al insinuar que los ancianos siempre están en lo correcto, y que es el hermano el del problema, ¿podría ser que nos estemos pareciendo a los falsos amigos de Job, que lo culparon de todos sus males diciendo que Jehová era justo y que el hombre no merece nada bueno de parte de él? Recordemos, los ancianos son imperfectos y no nos consta qué han hecho o dejado de hacer a fin de ayudar al hermano. En vista de esto, es mejor no culpar al hermano. Es cierto que si no hubiera descuidado su espiritualidad no se enfrentaría a tal situación, pero debemos procurar, no ver lo que hizo o dejó de hacer, sino cómo podemos ayudarlo de ahora en adelante.
Pero podría presentarse el otro problema, totalmente opuesto a este primero. Quizás con el afán de animar al hermano le demos la razón en todo lo que dice, y hasta critiquemos a los ancianos. ¡Este sería otro gran error! Tanto el apóstol Pedro como el discípulo Judas advirtieron con claridad —e incluso severidad— sobre la crítica a los ancianos. Se dice de las personas que caen en la murmuración que son “olas bravas del mar, que lanzan como espuma sus propias causas de vergüenza; estrellas sin rumbo fijo, para las cuales la negrura de la oscuridad permanece reservada para siempre” (Judas 13). ¡No queremos que se diga eso de nosotros! No debemos ignorar el hecho de que no sabemos qué ocurrió con exactitud durante la audiencia con el comité judicial o qué arreglos tienen hechos ya los ancianos para ayudar al hermano. En vista de que no tenemos todos los detalles y nunca los tendremos, recordemos estas palabras: “Sin embargo, estos [hombres] están hablando injuriosamente de todas las cosas que realmente no conocen; pero [en cuanto a] todas las cosas que sí entienden naturalmente como los animales irracionales, en estas cosas siguen corrompiéndose” (Judas 10; compárese con 2 Pedro 2:12).
En vista de esto, ¿no deberíamos mantenernos al margen de la disputa sobre quién está mal? Jehová no nos ha concedido el derecho de juzgar este tipo de situaciones, y si los ancianos han hecho bien su trabajo o no, es algo por lo cuál ellos mismos deberán entregar cuentas a Jehová, ¿no es este hecho suficientemente serio?
Por lo tanto, evitemos por todos los medios ponernos a favor o en contra de un hermano en esta situación. Evitemos bajo toda circunstancia la murmuración, pero también evitemos juzgar al hermano. Procuremos ayudarlo. Hagamos que se sienta amado en la congregación y recordémosle el amor que Jehová le tiene. No dejemos que una oveja herida muera espiritualmente.
No sólo los ancianos pueden ayudar a las ovejas lastimadas; todos podemos tomar parte en esta labor. Sigamos, por lo tanto, el consejo del apóstol Pablo a los tesalonicenses: “hablen confortadoramente a las almas abatidas, den su apoyo a los débiles” (1 Tes. 5:14).
Cuando se siente mal, ¿a quién acude? Si es una enfermedad física, seguramente querrá recurrir a su médico, ¿no es cierto? Pero, ¿qué sucede si es una enfermedad espiritual? Vez tras vez se compara a los ancianos de congregación como médicos que pueden ayudarnos a sanar espiritualmente, especialmente si hemos cometido pecados graves y necesitamos ayuda para recibir el perdón de Jehová.
Santiago 5:14 dice: “¿Hay alguno enfermo entre ustedes? Que llame a [sí] a los ancianos”. Aunque el discípulo no habla específicamente de pecados graves en este versículo, es obvio que cuando alguien pecó, ¡es porque está enfermo espiritualmente! De hecho, los versículos siguientes sí hablan de la confesión y el perdón de pecados.
Muchos hermanos han seguido esta amonestación y ha acudido a los ancianos solicitando ayuda para reponerse espiritualmente. Quieren tener una posición limpia delante de Jehová y por ello confiesan sus transgresiones, ¿cómo debería ver la congregación a estos cristianos?
CUANDO ALGUIEN ES CENSURADO PÚBLICAMENTE
Durante la audiencia con el comité judicial, los ancianos de la congregación evalúan el grado de arrepentimiento de la persona. Cuando alguien rechaza de plano las normas de Jehová y deja que el pecado sea una práctica en su vida y no muestra ningún arrepentimiento, los ancianos obedecen la exhortación bíblica: “Remuevan al [hombre] inicuo de entre ustedes” (1 Cor. 5:13).
Sin embargo, la gran mayoría de personas que acuden a los ancianos, van buscando ayuda. En caso de probarse que la persona está sinceramente arrepentida, los ancianos procuran curar a esta persona, “untándolo con aceite en el nombre de Jehová” (Compare Santiago 5:14 con Salmo 141:5). Esta acción implica reprensión, censura (2 Tim. 4:2). Cuando el pecado es de conocimiento general, los ancianos hacen un anuncio a la congregación informando que la persona ha sido censurada. ¿Cómo deberíamos ver a los hermanos que fueron censurados?
Primero, debemos recordar que no están bajo censura, como si estuvieran bajo una especie de prueba o algo así. Ellos ya han sido censurados y hay evidencia de que han corregido su mal proceder; de lo contrario hubieran sido expulsados de la congregación.
Hay quienes ven a estos hermanos como “malas compañías”. Es cierto que espiritualmente no están tan saludables como se espera de la mayoría de hermanos de la congregación. ¿Implica esto que debemos cortar todo trato social con esta persona? No es lo que el esclavo fiel y discreto ha dicho. Sin embargo, si algún hermano tiene razones para considerar a alguien que fue censurado como “mala compañía”, está en su derecho de evitar el compañerismo estrecho con este hermano. Sin embargo, antes de proceder de ese modo preguntémonos: ¿Tengo razones sólidas para creer que puede ser mala influencia para mí? ¿Hay motivos para creer que aún continúa practicando el pecado? ¿O será que estoy tomando la actitud del fariseo de la ilustración de Lucas 18:9-14?
En cualquier caso, nuestro principal interés debería ser amar a Jehová y mostrar amor al prójimo. Seguimos la exhortación de 1 Juan 3:18 de no amar sólo de palabra y con la lengua, sino en hecho y verdad. Por lo tanto, antes de apresurarnos a juzgar a un hermano, evaluamos si podemos ayudarlo a recuperar fuerzas espirituales y evitamos cualquier actitud farisaica que evidencia que nos consideramos demasiado justos (Eclesiastés 7:16).
Es cierto que los ancianos que componen el comité judicial tienen la responsabilidad de ayudar a la oveja bajo su cuidado, pero todos los miembros podemos hacer que esta se sienta apreciada en la congregación, y que continúe con el deseo de permanecer en ella. Pero, ¿qué sucede si pareciera que los ancianos han abandonado a la oveja?
¿UNA OVEJA HERIDA ABANDONADA?
Cuando un hermano acepta ser anciano de congregación, acepta la responsabilidad de cuidar de las ovejas. A partir de ese momento tiene la obligación de velar por las almas de los hermanos (1 Ped. 5:1-4). Especialmente cuando un hermano precisa ayuda ellos recuerdan que tienen la responsabilidad de juzgar y ayudar en representación de Jehová. Por eso procuran tratar con amor, dignidad y respeto a las ovejas. Tratan con paciencia a las ovejas heridas que desean ser sanadas.
Los ancianos saben que la ayuda no se puede brindar en una única audiencia con el comité judicial. La ayuda que la oveja precisa debe ser continua hasta que esté plenamente recuperada. Los ancianos deben ayudarla a no caer de nuevo en el pecado.
Sin embargo, muchas veces hay hermanos que se han sentido abandonados por los ancianos de la congregación, ¿qué es lo que realmente ha sucedido en estos casos? ¿Cómo podemos ayudar a un hermano que se siente de esa forma?
Primero que nada, recordemos que los ancianos siguen siendo imperfectos igual que nosotros. Aparte de ver nuestros problemas, ellos deben atender muchas responsabilidades en la congregación, quizás atender otros casos judiciales, y aparte, atender su trabajo, su esposa y quizás sus hijos. ¿Están los ancianos a nuestras órdenes para cuando nosotros lo queramos? Por supuesto que no. Ellos limitan tiempo de sus propias actividades para atender nuestros asuntos. ¿No deberíamos estar agradecidos por ello?
¿Justificaría esto que un hermano enfermo espiritualmente sea abandonado tras el comité judicial? ¡De ninguna manera! Recordemos que tras ser recomendado como anciano, y ser aprobada esta solicitud, queda en manos del hermano si aceptará el nombramiento o no, y al aceptar ese cargo, el hermano anciano ha aceptado con ella todas las responsabilidades y obligaciones que como consecuencia vienen. Se espera que ellos estén listos a ayudarnos. Y no hace falta mucho tiempo para que briden ayuda. Basta con que en el ministerio del campo o en las reuniones cristianas muestre un poco de interés en el hermano que ha sido censurado.
¿Qué pasa cuando un hermano se queja con nosotros de que ha sido abandonado por los ancianos? No nos apresuremos a juzgar ninguna de las dos partes. Jehová no nos ha dado el derecho de hacerlo. Consideremos todas las posibilidades, y en lo posible, mantengámonos neutrales en el asunto y siempre procuremos animar al hermano que fue censurado.
Si no tenemos equilibrio podríamos caer en dos serios problemas ante esta situación. El primer problema podría deberse a nuestro celo por la verdad y nuestro amor por la organización terrestre de Jehová. Quizás lleguemos a la conclusión de que los ancianos en verdad han hecho todo lo que está en sus manos, pero que el hermano ha mostrado necedad y no se ha dejado ayudar, pero, ¿nos consta que esto ha sido así? Al insinuar que los ancianos siempre están en lo correcto, y que es el hermano el del problema, ¿podría ser que nos estemos pareciendo a los falsos amigos de Job, que lo culparon de todos sus males diciendo que Jehová era justo y que el hombre no merece nada bueno de parte de él? Recordemos, los ancianos son imperfectos y no nos consta qué han hecho o dejado de hacer a fin de ayudar al hermano. En vista de esto, es mejor no culpar al hermano. Es cierto que si no hubiera descuidado su espiritualidad no se enfrentaría a tal situación, pero debemos procurar, no ver lo que hizo o dejó de hacer, sino cómo podemos ayudarlo de ahora en adelante.
Pero podría presentarse el otro problema, totalmente opuesto a este primero. Quizás con el afán de animar al hermano le demos la razón en todo lo que dice, y hasta critiquemos a los ancianos. ¡Este sería otro gran error! Tanto el apóstol Pedro como el discípulo Judas advirtieron con claridad —e incluso severidad— sobre la crítica a los ancianos. Se dice de las personas que caen en la murmuración que son “olas bravas del mar, que lanzan como espuma sus propias causas de vergüenza; estrellas sin rumbo fijo, para las cuales la negrura de la oscuridad permanece reservada para siempre” (Judas 13). ¡No queremos que se diga eso de nosotros! No debemos ignorar el hecho de que no sabemos qué ocurrió con exactitud durante la audiencia con el comité judicial o qué arreglos tienen hechos ya los ancianos para ayudar al hermano. En vista de que no tenemos todos los detalles y nunca los tendremos, recordemos estas palabras: “Sin embargo, estos [hombres] están hablando injuriosamente de todas las cosas que realmente no conocen; pero [en cuanto a] todas las cosas que sí entienden naturalmente como los animales irracionales, en estas cosas siguen corrompiéndose” (Judas 10; compárese con 2 Pedro 2:12).
En vista de esto, ¿no deberíamos mantenernos al margen de la disputa sobre quién está mal? Jehová no nos ha concedido el derecho de juzgar este tipo de situaciones, y si los ancianos han hecho bien su trabajo o no, es algo por lo cuál ellos mismos deberán entregar cuentas a Jehová, ¿no es este hecho suficientemente serio?
Por lo tanto, evitemos por todos los medios ponernos a favor o en contra de un hermano en esta situación. Evitemos bajo toda circunstancia la murmuración, pero también evitemos juzgar al hermano. Procuremos ayudarlo. Hagamos que se sienta amado en la congregación y recordémosle el amor que Jehová le tiene. No dejemos que una oveja herida muera espiritualmente.
No sólo los ancianos pueden ayudar a las ovejas lastimadas; todos podemos tomar parte en esta labor. Sigamos, por lo tanto, el consejo del apóstol Pablo a los tesalonicenses: “hablen confortadoramente a las almas abatidas, den su apoyo a los débiles” (1 Tes. 5:14).
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
