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lunes, 12 de julio de 2010

¿ESTARÁ USTED EN EL NUEVO MUNDO?

“Tenemos los ojos fijos […] en las [cosas] que no se ven”
—2 Corintios 4:18—

TIEMPO APROXIMADO DE LECTURA: 5 MINUTOS


Él tenía muchos años de edad, y llevaba muchísimas décadas sirviendo fielmente a Jehová. Había aguantado una cosa tras otra: la responsabilidad de enfrentarse al Rey del imperio más poderoso del mundo, la hostilidad de la corte real, la hostilidad de su propio pueblo y, finalmente, vagar en un desierto por casi 40 años por culpa de otros ¿ya sabe de quién estamos hablando? Sí, es de Moisés. Moisés es un ejemplo digno de seguir debido al aguante que tuvo. Las pruebas que tuvo que pasar no fueron nada fáciles, pero las aguantó ¿por qué? El apóstol Pablo nos da la respuesta: “estimaba el vituperio del Cristo como riqueza más grande que los tesoros de Egipto; porque miraba atentamente hacia el pago del galardón” (Hebreos 11:26). Moisés tenía una meta que perseguir, sabía que Jehová había prometido a Abrahán que su descendencia heredaría la tierra de Canaán, lo que significaría libertad de la esclavitud para su pueblo. Moisés tenía fe en esa promesa, y por eso atravesó todas las dificultades requeridas a fin de ver realizada la promesa de Jehová (Hebreos 11:27, 28). Qué piensa, ¿fue esa promesa el combustible de los actos de fe de Moisés? La respuesta la dio Moisés mismo, no precisamente con palabras, sino con sus acciones.



Tras décadas de fiel servicio, Moisés cometió el error de no darle la gloria a Jehová por haber sacado agua de una Roca (Números 20:2-12). Moisés nos cuenta el resultado de ese error: “Y me puse a suplicar favor a Jehová en aquel tiempo en particular, y dije: […] Déjame pasar, por favor, y ver la buena tierra que está al otro lado del Jordán, esta buena región montañosa y el Líbano’. Y Jehová continuó estando furioso contra mí por causa de ustedes y no me escuchó; antes bien, me dijo Jehová: ‘¡Basta ya! Nunca me vuelvas a hablar de este asunto’” (Deuteronomio 3:24-27). ¿Cómo reaccionó Moisés? Seguramente se sintió sumamente triste. Imagínese, ¡cómo se hubiera sentido usted si, tras muchas décadas de servicio fiel, se le negara recibir el premio que perseguía! ¡Pero qué ejemplo dio Moisés! Nada en las escrituras indican que perdiera la fe en Jehová o que se rebelara contra él. Tras ese incidente siguió dando a conocer los mandamientos de Jehová a la nación de Israel, escribió el libro de Deuteronomio y el apóstol Pablo lo alista entre la gran nube de testigos fieles en el capítulo 11 de Hebreos. Este incidente hace obvio que, aunque Moisés tenía los ojos fijos en la tierra prometida, y esa era su meta, ese no era lo que lo movía a servir a Jehová. Si esa esperanza hubiera sido el combustible que mantenía vivo ese “motor”, al saber que no lograría entrar en la tierra prometida, se hubiera negado a seguir haciendo la voluntad de Dios. Entonces, ¿qué movía a Moisés a servir fielmente? El apóstol Pablo dice: “continuó constante como si viera a Aquel que es invisible” (Hebreos 11:27). Aunque tenía fe en que Jehová cumpliría su promesa de guiarlos a la tierra prometida, su fe se centraba, no en la promesa en sí, sino en aquel que hizo la promesa, “Aquel que es invisible”. Sí, su fe y su amor por Jehová fueron el combustible que alimentaba el motor que lo movía a actuar. Aunque para él era importante el galardón que le esperaba, era más importante el amor por su Dios, por esa razón “continuó constante como si viera a Aquel que es invisible” aún cuando supo que no entraría a la tierra prometida.



¿Qué hay de usted? ¿Qué hay de mí? ¿Por qué servimos a Jehová? ¿Cuál es el motor que mueve nuestros actos de fe? ¿Es el vernos librados de una enfermedad incurable? ¿Es el volver a ver a un ser querido que murió? ¿Es el deseo de vivir para siempre? ¿Es el deseo de ver la tierra convertida en un paraíso? Si esas son las razones por las cuales servimos a Jehová, piense detenidamente, ¿qué sucedería si supiera que Jehová no curará su enfermedad? ¿Qué sucedería si supiera que ese ser querido que murió no resucitará? ¿Qué pasaría si supiera que, de todas formas, morirá? ¿Seguiría sirviendo fielmente a Jehová si supiera que el paraíso aún está lejos, que faltan muchos años para que venga el fin? Meditar en esas respuestas revelará si estamos preparados para vivir en el nuevo mundo.



Es cierto que el anhelar las bendiciones del nuevo mundo no tiene nada de malo. De hecho el apóstol Pablo dijo que la esperanza es como un yelmo que nos protege. Sin ese “yelmo de la salvación” no podremos resistir los ataques de Satanás, y por lo tanto, tampoco podremos sobrevivir al fin de este mundo. La esperanza nos motiva, nos alienta en momentos difíciles (Efesios 6:13, 17; 1 Tesalonicenses 5:8). Tener la esperanza del nuevo mundo clara en nuestra mente y corazón nos ayudará a soportar pruebas difíciles. Pero esa esperanza nunca deberá convertirse en el motivo principal de nuestro servicio a Dios.



Si esa esperanza se convierte en nuestro único motivo para servir a Jehová, quizás nos decepcionemos al enfrentarnos a algunas situaciones y abandonemos nuestro servicio a Jehová. Podría sucedernos lo que les sucedió a algunos cristianos ungidos de principios del Siglo XX. Recordemos que muchos esperaban el fin del sistema de cosas en octubre de 1914, como no sucedió, algunos abandonaron la fe, demostrando así que la esperanza de alcanzar la salvación era el combustible de sus actos de fe, mientras que otros siguieron adelante sirviendo a Dios, demostrando que, aunque querían alcanzar su recompensa, el amor a Dios y su fe en él era lo más importante, y que no importaba cuándo actuara Jehová, lo que importaba era obedecerle. Tanto los que abandonaron la fe, como los que no, ya murieron, ¿qué diferencia hay? Que hermanos fieles como C. T. Russell, A. H. Macmillan, F. W. Franz y muchos otros ya han alcanzado su recompensa, pues, al permanecer fieles hasta la muerte han sido considerados dignos de recibir su recompensa celestial. Por lo tanto, ahora ellos están en el cielo como futuros sacerdotes y Reyes (Revelación 20:6). Por otra parte, los que repudiaron la fe murieron sin su recompensa y sin una esperanza segura ¿resucitarán en el paraíso terrestre? Solo Jehová lo sabe, aunque la Biblia da pocas esperanzas para las personas que rechazan la fe verdadera. Aún si resucitan en la tierra, se perdieron del maravilloso privilegio de reinar con Jesús y ver a Jehová cara a cara.



Esto resalta la importancia de servir a Jehová por los motivos correctos. Cultivemos amor sincero por Jehová. Conozcámoslo y tratemos de amoldar nuestra vida a sus mandamientos. Cultivemos cualidades que agradan a Jehová y evitemos actitudes que él odia. Hagamos todo eso, no solo por vivir eternamente en el paraíso que él promete. Hagámoslo por amor sincero a él. Si el amor es el motivo de nuestras acciones, no dudemos de que alcanzaremos el premio que él nos promete. Que nuestra resolución sea como la de un hermano que dijo: “Aún si Jehová no me considera digno de vivir en el nuevo mundo, el ser un testigo suyo en este sistema de cosas es lo mejor que pudo haberme pasado”. Por supuesto, nunca dudemos de las promesas de Jehová y tengámoslas claras en nuestra mente y corazón. Recordemos cada día las palabras de Hebreos 6:10: “Porque Dios no es injusto para olvidar la obra de ustedes y el amor que mostraron para con su nombre”.

lunes, 23 de noviembre de 2009

21 de diciembre de 2012… ¿El día señalado para “el fin”?

“La visión es todavía para el tiempo señalado […] No llegará tarde”
— Habacuc 2:3 —

Conforme avanzamos hacia el final de la primera década del siglo XXI ha habido un creciente interés en el año 2012 ¿Por qué? Principalmente por algunas profecías, tanto de los Mayas como de Nostradamus. Los astrólogos y numerológos coinciden en que hay eventos cósmicos —como la alineación del sistema solar con el centro de la galaxia— y un patrón numérico que apunta a la misma fecha señalada por la profecía maya: 21 de diciembre de 2012. Muchos son escépticos a esto, pero muchos otros están preocupados, ahora bien ¿cuál es punto de vista de los cristianos y cómo debe influir en usted los acontecimientos que ocurrirán al pasar los pocos años que quedan?


La Biblia muestra claramente que Jehová ah señalado un día para acabar con la maldad, como bien se muestra en las palabras de Habacuc 2:3. ¿Es ese día señalado el 21 de diciembre de 2012? Es posible, pero improbable ¿Porqué? Es posible porque para Jehová “todas las cosas son posibles” (Mateo 19:26). Pero el que Jehová haya escogido precisamente ese día es muy improbable ¿Por qué? “Porque el Señor Soberano Jehová no hará ni una cosa a no ser que haya revelado su asunto confidencial a sus siervos los profetas” responde Amos 3:7. Él ya ha revelado a “sus siervos los profetas” que llegaría un fin y reveló qué acontecimientos señalarían que el fin está cerca. Sabemos cuáles son esas señales y ya las hemos analizado con detenimiento, pero a sus “siervos los profetas” Jehová nunca ha revelado una fecha para el fin.


El mayor profeta de Jehová, su propio hijo, dijo estas importantes palabras: “Respecto a aquel día y hora nadie sabe, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino solo el Padre”. Pensemos en las tres partes resaltadas en negrita y cursiva: “aquel día”, “nadie sabe” y “ni el hijo, sino solo el Padre”. El que Jesús haya usado las expresiones “aquel día” y “solo el Padre” indica que Jehová efectivamente ha señalado un día específico para traer el fin, pero claramente Jesús dijo que respecto a ese día nadie sabe, ni siquiera él sabía cuando estaba aquí en la tierra*. Si en el año 33 E.C. ni siquiera el propio hijo de Dios sabía cuándo vendría el fin, ¿cómo iban a saberlo personas cuyo auge de su período formativo fue unos 450 años antes que Jesús viniera a la tierra y ni siquiera adoraban al padre de Jesús? Eso es simplemente ilógico.


¿Qué hay de las predicciones de Nostradamus? Claramente no contaban con la aprobación de Jehová, dado que Nostradamus, en su intento de predecir el futuro se vio envuelto en horóscopos, astrología y conjuros de ritos paganos, cosas que la Biblia claramente condena y que son detestables a Jehová como bien muestra Deuteronomio 18:10-12, Revelación 21:8 y 22:15. Así que ni los mayas ni Nostradamus ni los astrólogos y numerológos actuales son los profetas de Jehová, de modo que sus predicciones —que van en contradicción clara de las palabras de Jesús— no provienen de Jehová.


Aunque es posible que algunas profecías de Nostradamus en verdad se hayan cumplido es algo que no debería extrañarnos pues Jehová muestra en Deuteronomio 13:1-4 que en efecto puede haber profetas cuyas predicciones se cumplan, pero cuando van en contra del propósito de Jehová son profetas que no fueron enviados por Dios.


El que la Biblia indique claramente que nadie sabe el día específico en que vendrá el fin, salvo el Padre, nos deja claro que no deberíamos creer que el 21 de diciembre de 2012 vendrá el fin. De hecho, tomamos en serio las señales de Jesús que indican que vivimos en la conclusión del sistema de cosas, que entre otras cosas incluye “Muchos vendrán sobre la base de mi nombre, y dirán: […] ‘El debido tiempo se ha acercado’. No vayan en pos de ellos” (Lucas 21:8). Nosotros no nos dejaremos engañar por estos falsos profetas y no nos atemorizamos al avanzar los días hacia esa fecha “señalada”.


El hecho de que muchas señales indiquen al 21 de diciembre de 2012 debe recordarnos a los eventos previos a octubre de 1914. Por varias décadas los testigos de Jehová habían predicho que los “tiempos de los gentiles” terminarían en octubre de 1914, pero justo antes de ese grandioso e importantísimo acontecimiento, Satanás, quien estaba listo para tratar de “devorar” al naciente Reino de Dios, hizo estallar la I Guerra Mundial ¿con qué propósito? Con el propósito de cegar a las naciones a los acontecimientos verdaderamente importantes, a saber, el fin de los “tiempos de los gentiles” y la entronización de Jesucristo como Rey del Reino mesiánico. (Revelación 12:1-5; Lucas 21:24 Reina-Valera).


Satanás, dando sus “patadas de ahogado”, sigue tratando de extraviar a las naciones y cegarlas a la voluntad de Dios. Está intentando distraer la atención de todos, de ser posible, de extraviar a “los escogidos” de Dios de los acontecimientos verdaderamente importantes y reales ¡No caigamos ante sus trampas! (Mateo 24:24).


Aún así tenemos claro que el fin se ha acercado. Todas las señales dadas por Jesús — lo que incluye falsos Cristos y Falsos profetas — se ven claramente. Los científicos saben con certeza que si la humanidad no cambia su trato a la tierra, a esta no le quedan muchos años de supervivencia, y sabemos que las masas humanas dominadas por Satanás no piensan cambiar sus hábitos. El hecho de que la raza humana en realidad corra peligro debido al arruinamiento de la tierra nos indica de que no le quedan muchos años a este sistema de cosas, pues el fin vendrá antes de que los humanos se destruyan a sí mismos (Revelación 11:18). Ciertamente no le quedan muchos años a este sistema moribundo.


Las “convulsiones” que está dando este sistema anuncian su próxima muerte, y ¿qué estaremos haciendo nosotros cuando por fin venga su destrucción? Debemos estar alerta. No deberíamos pensar que este sistema durará varios años más. Desde octubre de 1914 hasta ahora han pasado 95 años con dos meses ¡este sistema lleva viviendo en sus últimos días 95 años! ¿Cuánto más durará? La situación mundial está a su tope, ¿qué no hemos visto ya? Hemos visto terribles guerras como la I y II Guerra Mundial, vemos grandes escaseces de alimento en África e incluso en países centroamericanos como Guatemala, vemos a diario noticias escandalosas como parricidios, mujeres descuartizadas, niños abusados por miembros del clero y mucho más ¿aguantará este sistema 50 años más? ¿Aguantará usted mismo vivir en estas condiciones deplorables siquiera 20 años más?


Debemos imitar la actitud vigilante que Habacuc debió mostrar cuando Jehová le dirigió estas palabras: “Pues la visión se realizará en el tiempo señalado; marcha hacia su cumplimiento, y no dejará de cumplirse. Aunque parezca tardar, espérala; porque sin falta vendrá” (Habacuc 2:3 Nueva Versión Internacional). Aunque esta visión se ha “tardado” 95 años debemos esperar su glorioso cumplimento pues sin falta se realizará.


Estemos resueltos, por tanto, a seguir vigilantes a medida que los eventos avanzan hacia su glorioso cumplimiento. Sí, “el tiempo que queda está reducido” y aunque no sabemos ni el día ni la hora nos mantendremos alerta hasta que con ojos radiantes veamos la gran vindicación de la soberanía de Jehová cuando traiga ruina a todos los que “están arruinando la tierra”.


*NOTA: Es cierto que Jesús dijo que ni él sabía ni el día ni la hora en que vendrá el fin. Aún así es muy lógico creer que Jesús actualmente sí sabe el “día y la hora”, ¿porqué llegamos a esa conclusión? Porque en Revelación 6:2 se muestra a Jesús sentado en un caballo blanco avanzado, venciendo a sus enemigos y su cabalgar terminará al “completar su victoria”, es decir, al vencer a los enemigos de su padre en Armagedón (Revelación capítulo 19). Jesús empezó ese cabalgar en octubre de 1914 y si se le ha concedido el privilegio de vencer en el nombre de Dios y de “completar su victoria” en Armagedón es lógico que él, posiblemente desde 1914, esté enterado del día en que completará su victoria. (Véase La Atalaya del 1 de octubre de 1996, página 31, Preguntas de los Lectores).