lunes, 15 de febrero de 2010

MOSTRANDO EL DEBIDO RESPECTO A LA AUTORIDAD EN LA CONGRAGACIÓN

Sean obedientes a los que llevan la delantera entre ustedes

— Hebreos 13:17 —

Habían pasado solo dos meses con quince días desde que los israelitas habían atravesado el mar rojo de forma milagrosa cuando empezaron a murmurar contra Jehová. Medite en esto y pregúntese, “¿Habría murmurado yo en contra de Jehová después de haber desplegado tan gran poder?” Seguro su respuesta será un rotundo No.

Aunque no hemos visto milagros tan físicos y grandiosos como las diez plagas de Egipto y la división del mar rojo sí hemos sido testigos de milagros tales como la unidad de mente y el amor que se muestra en toda nuestra hermandad mundial compuesta por millones de personas de diferentes antecedentes, razas, pueblos, naciones, idiomas y condiciones sociales ¿Acaso es poco eso en este mundo dominado por el odio, la desigualdad y la intolerancia? Pues bien, ¿murmuraría usted contra Jehová? Seguro que no, pero todos estamos expuestos a una forma de murmuración menos obvia pero igual de peligrosa: la murmuración contra la autoridad de la congregación.

Pero, ¿es tan grave la murmuración? Sí, y las Escrituras Griegas Cristianas lo muestran. El discípulo Judas nos habla de personas que hablan contra el “señorío” y “los gloriosos”; ambas designaciones se refieren a los hombres que Jehová ha nombrado sobre el rebaño y que tienen cierto grado de autoridad sobre la congregación. Judas contrasta la actitud de estos murmuradores y la de Jesús (Miguel el Arcángel) quien “tuvo una diferencia con el Diablo y disputaba acerca del cuerpo de Moisés, [pero] no se atrevió a llevar un juicio contra él en términos injuriosos, sino que dijo: ‘Que Jehová te reprenda’” (Judas 8, 9). Si Miguel, siendo el hijo de Dios, el “jefe de ángeles” y el defensor de la soberanía de Jehová no se atrevió a hablar en términos injuriosos contra Satanás, siendo este el principal enemigo de la gobernación divina ¿Quiénes somos nosotros para murmurar en contra “los gloriosos”, hombres imperfectos que se esfuerzan por hacer la voluntad de Jehová y que han recibido puestos de responsabilidad en la congregación? Simplemente no somos nadie para tomarnos ese derecho.

De las personas que se toman esas libertades el discípulo Judas dice: “Sin embargo, estos [hombres] están hablando injuriosamente de todas las cosas que realmente no conocen; pero [en cuanto a] todas las cosas que sí entienden naturalmente como los animales irracionales, en estas cosas siguen corrompiéndose” (Judas 10). ¿Cómo podríamos caer en ese error? Pongamos como ejemplo algo común: Los comités judiciales. ¿Qué pasa cuando un familiar o amigo nuestro es censurado públicamente o es expulsado de la congregación por algo que nosotros no consideramos tan grave? ¿Murmuramos contra los ancianos del comité y decimos que fue injusto? O si sucede todo lo contrario, es decir, que se censura a alguien públicamente por algo que consideramos muy grave, ¿nos preguntamos asombrados y con un poco de cinismo “¿y solo una censura?”? Sea como sea, no tenemos el derecho de hablar de eso, ¿por qué? Porque en la reunión con el comité judicial se tratan cosas con el implicado que realmente no conocemos, ni conocemos la actitud del corazón del implicado y tampoco sabemos si el pecado que conocemos es el único que cometió o hubo otros asuntos que arregló con el comité judicial. Si habláramos de asuntos judiciales contradiciendo las decisiones de los ancianos, entonces nos asemejaríamos a “animales irracionales”, tal como la palabra de Dios indica. El discípulo Judas continúa diciendo: “¡Ay de ellos, porque han ido en la senda de Caín, y por la paga se han precipitado en el curso erróneo de Balaam, y han perecido en el habla rebelde de Coré!”, también dice: “Estos hombres son murmuradores, quejumbrosos respecto a su suerte en la vida, que proceden según sus propios deseos, y su boca habla cosas hinchadas, a la vez que están admirando personalidades en el interés de [su propio] provecho” (Judas 11, 16).

Seguramente, no nos gustaría que otras personas se refirieran a nosotros en esos términos. Entonces, ¡no nos hagamos como esa clase de gente que murmura contra la autoridad de la congregación!

El apóstol Pedro también habló de eso al decir: “Osados, voluntariosos, estos no tiemblan ante los gloriosos, sino que hablan injuriosamente, mientras que los ángeles, aunque son mayores en fuerza y poder, no presentan contra ellos acusación en términos injuriosos, [lo cual no hacen] por respeto a Jehová. Pero estos [hombres], como animales irracionales nacidos naturalmente para ser atrapados y destruidos, hasta sufrirán —en las cosas que ignoran y de las cuales hablan injuriosamente— destrucción en su propio [derrotero de] destrucción, haciéndose mal a sí mismos como paga por hacer el mal. […] Son manchas y tachas, que se entregan con desenfrenado deleite a sus enseñanzas engañosas […,] no pueden desistir del pecado, y cautivan almas inconstantes. […] Son hijos malditos” (2 Pedro 2:10-14). ¡Qué palabras tan fuertes!

Jehová, en su gran amor, nos advierte de esa clase de personas —como los apóstatas— y nos anima a no imitar su “derrotero de destrucción”, así que determinémonos a no rebajarnos a ese nivel, sino a tener siempre la aprobación de Jehová siguiendo con lealtad las instrucciones y dirección que nos da mediante los hombres que ha nombrado.

En vez de fijarnos detenidamente en los defectos de estos hombres, veamos sus cualidades y de qué forma cumplen su papel como “dádivas en hombres” (Efesios 4:8). Es cierto que habrá veces en que nos costará seguir sus instrucciones, pero es entonces cuando entra la sumisión en juego, y el apóstol Pablo nos exhorta: “Sean obedientes a los que llevan la delantera entre ustedes, y sean sumisos, porque ellos están velando por las almas de ustedes como los que han de rendir cuenta; para que ellos lo hagan con gozo y no con suspiros, por cuanto esto les sería gravemente dañoso a ustedes” (Hebreos 13:17). Si usted ve mal las acciones de algún anciano de su congregación, también concordará en que se deben a su imperfección, y que sea como sea se está esforzando por servir al rebaño y que tiene hermosas cualidades, cualidades que Jehová vio y por las cuales está sirviendo como “pastor” del “rebaño de Dios”.

Y si realmente pensamos que algo anda mal en el cuerpo de ancianos de nuestra congregación, evitemos la murmuración y dejemos las cosas en las manos de Jehová, quien promete remover a los “pastores falsos” (Ezequiel capítulo 34). Hacerlo así nos traerá el favor de Jehová y demostrará que somos leales a él y su gobernación. Mientras que los rebeldes serán destruidos —al igual que Coré y Satanás—, los leales a Jehová y su organización podrán disfrutar por toda la eternidad en paz, siendo guiados por el “pastor excelente” a la perfección, la eternidad y la felicidad.

lunes, 25 de enero de 2010

VIVIR CRISTIANO: ¡EVITEMOS LOS PENSAMIENTOS APRESURADOS!

“Transfórmense rehaciendo su mente”
— Romanos 12:2 —

Desde que la humanidad cayó en la imperfección ‘la inclinación de los pensamientos de nosotros es mala todo el tiempo’ (Génesis 6:5). Lamentablemente, muchas veces nuestra mente va más allá de la realidad y busca defectos en nuestros hermanos, situación por la que no deberíamos culpar por completo a la imperfección, pues esos pensamientos sí los podemos combatir. A continuación veremos algunos casos en los que deberíamos evitar que nuestra mente se apresure a pensar mal.

Primero imagine la siguiente situación: Usted va en su automóvil cuando ve a la hermana Silvia con el hermano César saliendo de un restaurante solos y los ve entrar luego en la casa de la hermana Silvia; ambos hermanos son casados y usted sabe positivamente que el esposo de Silvia no se encuentra en casa ¿Qué es lo primero que pensaría? ¿Adulterio? Quizás, pero pregúntese antes: ¿Son las cosas tal y como estoy pensando? Una situación comparable se presentó en los días de Josué, el sucesor de Moisés, cuando la media tribu de Manasés, la tribu de Gad y la de Rubén tomaron posesión de sus tierras al otro lado del Jordán, en Galaad. El relato bíblico nos dice que al llegar a las “regiones del Jordán […] edificaron allí un altar junto al Jordán, un altar sumamente [sobresaliente]” (Josué 22:10). Al ver esto, el resto de la nación de Israel que estaban al otro lado del Jordán pensaron que esto era un acto de apostasía —aunque después resultó no serlo— así que se dispusieron atacar militarmente a la media tribu de Manasés, Gad y Rubén (Josué 22:11, 12, 29). ¿Qué extraemos de este relato? A no ser apresurados al ver cosas que nos parezcan que son actos de infidelidad a Jehová. Es posible que la hermana Silvia tuviera una emergencia y el hermano César estuviera dispuesto a ayudarla. ¿Acaso habrá tenido un accidente el esposo de Silvia? ¿Y qué tal si el esposo de Silvia estuviera en el hospital por una emergencia, Silvia no hubiera tenido tiempo siquiera de comer y por eso la vieron salir de un restaurante con César? ¿Y si fueron a la casa de Silvia a traer algo de ropa para el esposo de ella? Antes de juzgar como pecadores a los hermanos en situaciones delicadas debemos analizar nuestro corazón y preguntarnos ¿es mi mente tan sucia como para pensar mal de mis hermanos aún cuando no hay pruebas contundentes en su contra? ¿Hay verdaderos motivos para sospechar de los hermanos? ¿Y qué tal si nos apresuramos a “pasar el chisme” a nuestros amigos o familia? El principio expuesto en Proverbios 29:20 nos ayuda cuando dice: “¿Has contemplado a un hombre que es apresurado con sus palabras? Hay más esperanza para alguien estúpido que para él.” Sí, nunca debemos apresurarnos a pensar mal de los hermanos ni a juzgarlos ante situaciones complicadas cuando el caso es que no sabemos todos los detalles. Ahora bien, ¿confiamos en exceso de los hermanos? ¿Qué hay sin en alguna ocasión vemos situaciones sospechosas y tenemos bases sólidas para creer que se está cometiendo un pecado grave? Tampoco deberíamos a apresurarnos a concluir que no está sucediendo nada malo, cuando hay bases para creer que sí, ni deberíamos a apresurarnos a defender a algún hermano o hermana cuando es acusado por alguien —quizás que no sea testigo—; simplemente limitémonos a no juzgar ni declarar inocente o culpable a alguien, pues esa labor es algo que no se nos ha asignado. ¿Qué debemos hacer, entonces, si sabemos de una situación sospechosa de algún hermano?
Quizás pensemos que antes de hablar con los ancianos es mejor preguntarle al hermano para estar seguros, pero reflexionemos (tomando como marco de circunstancias el caso expuesto en el párrafo anterior) ¿Me concierne saber si César y Silvia tienen una relación ilícita? Cuando reflexionamos en las palabras de 1 Tesalonicenses 4:11 (La Palabra de Dios para Todos) seguramente nos daremos cuenta de que en realidad no nos interesa saber si son ciertas o no nuestras sospechas, pues el apóstol Pablo escribió: “Hagan todo lo posible por vivir en paz. Cada uno preocúpese por lo suyo” (Lea también 1 Pedro 4:15). Entonces, ¿qué haremos? De nuevo el ejemplo de los Israelitas nos ayuda.

El relato nos muestra de que ellos, antes de atacar, enviaron una delegación para hablar con Gad, Rubén y la media tribu de Manasés, ¿a quienes enviaron? A Finehás “y con él a diez principales, un principal de cada casa paterna de todas las tribus de Israel, y cada uno era cabeza de la casa de sus padres de los millares de Israel” (Josué 22:13, 14). En la actualidad nosotros tenemos como “principales” a los ancianos de las congregaciones, de hecho, en el libro profético de Ezequiel se representa a los miembros de las “otras ovejas” que sirven como ancianos de congregación como “el Principal” (Ezequiel capítulos 44 a 48). Esto nos muestra qué tenemos qué hacer: Comentar con un anciano capacitado y maduro lo que vimos o nos dijeron. Nunca deberíamos añadir o cambiar palabras para que la situación aparente ser más grave o más ligera de lo que realmente es. Limitémonos a informar lo que sabemos. Esto, por supuesto, no es chisme, por eso, antes de hablar con los ancianos preguntémonos “¿Con qué intención lo hago? ¿Es el celo piadoso el motivo, o es por ‘chismear’?” Los ancianos deberán saber qué hacer en tales casos, así que oremos a Jehová y confiemos en que él usará a los ancianos para descubrir la verdad y mantener limpia la congregación. Nunca debemos minimizar la seriedad de los asuntos, pues si hay un pecado grave envuelto se verá afectada toda la congregación. Esto se evidencia en las palabras de la delegación enviada por la nación de Israel a Gad, Rubén y la media tribu de Manasés, cuando dicen que el pecado que cometieron en Peor (cuando algunos israelitas adoraron al Baal y cometieron inmoralidad sexual con las madianitas y moabitas, véase Números capítulo 25) no ha sido limpiado por completo; y cuando recuerdan el pecado de Acán y señalan que este afectó a toda la nación. También señalaron que si ellos estaban cometiendo un acto de apostasía, la cólera de Jehová vendría sobre toda la nación de Israel (Josué 22:16-20). Esto resalta la importancia de no ocultar los pecados ajenos. Por amor a Jehová y a la congregación entera debemos informar cualquier pecado grave que se esté cometiendo. Ahora bien ¿qué hay si nosotros somos quienes estamos en el caso del hermano César?

Si se nos acusara de cometer un pecado grave y somos inocentes, ¿cómo deberíamos reaccionar? El ejemplo de Gad, Rubén y la media tribu de Manasés nos ayudará. Al leer Josué 22:21-34 nos damos cuenta que estas personas inocentes no demostraron enojo contra la delegación ni contra el resto de la nación de Israel ¿Por qué? Seguro entendieron que los motivos por los cuales los Israelitas reaccionaron de tal forma eran, hasta cierto grado, justificables. Los israelitas ya habían sufrido azotes por parte de Jehová cuando se cometieron pecados graves, y seguro que no querían volver a sufrirlos. Ellos también sabían que Finehás, debido a su celo, mató a Simrí y Cozbí —en el caso de Peor—, así que seguro entendieron que lo que llevó a tal reacción fueron motivos piadosos, aunque un tanto apresurados. Pensando en eso, si un anciano se acercara a nosotros a preguntarnos respecto a algún caso, que quizás sea grave, y nosotros estamos implicados, ¿tendríamos motivos razonables para enojarnos contra ese anciano? ¿Acaso tenían motivos los Gaditas, los Rubenitas y la media tribu de Manasés para enojarse contra Finehás y los principales? No, porque ellos simplemente estaban cumpliendo su labor. En nuestro caso, en vez de enojarnos contra el anciano deberíamos agradecer que se tomó el tiempo de hablar con nosotros antes de dictar juicio contra nosotros; él simplemente está cumpliendo con sus obligaciones. Tampoco deberíamos apresurarnos a tildar como chismoso al hermano que nos acusó —si acaso sabemos quién fue—, pues lo más probable es que su celo, su amor por Jehová y su amor por la congregación (y quizás su amor por nosotros mismos) lo haya movido a llevar a los ancianos ese informe.

Por supuesto, aplicar los tres principios que aprendimos del capítulo 22 de Josué no será nada fácil. Nuestra imperfección humana nos llevará vez tras vez a pensar mal de otras personas, a levantar falsas acusaciones o a tildar de chismosos a los hermanos, pero siempre pensemos “¿Son realmente las cosas como creo que son?” Tengamos presentes las palabras de Romanos 12:2 que dice: “Y cesen de amoldarse a este sistema de cosas; más bien, transfórmense rehaciendo su mente, para que prueben para ustedes mismos lo que es la buena y la acepta y la perfecta voluntad de Dios”. El hecho de que diga que tenemos que ‘rehacer nuestra mente’ nos indica que tendremos que luchar contra nuestros propios pensamientos pecaminosos y contra la influencia sucia de este sistema de cosas. Sin embargo, si nos esforzamos por adoptar la mente de Jehová respecto a los asuntos de congregación y las relaciones personales, podemos estar seguros de que tendremos la bendición y aprobación de nuestro justo y amoroso creador.

miércoles, 20 de enero de 2010

¡SU AYUDA SERÁ NECESARIA!

Antes que nada quiero decir que estoy muy feliz de que mi Blog ha sido bien recibido por ustedes, lectores. Siendo honesto no creí que hubiera personas que le dieran importancia a las cosas que escribiera un chaval de 17 años, pero quiero llamar la atención a que todo lo que publico tiene el apoyo de las publicaciones del Esclavo Fiel y Discreto. Por supuesto que nunca "copio-pego", sino que soy yo quien escribo las cosas contenidas en este Blog. Sin embargo, todos ustedes seguro comprenden lo dificl que es lidiar con los asuntos diarios como los estudios, el trabajo, la preparación para todas las reuniones, la asistencia a todas las reuniones, la adoración en familia, el estudio personal, la investigación y nuestra principal labor: La Predicación de las Buenas Nuevas del Reino. Encima de todo se me ha venido este Blog, que, por supuesto, es un gusto mantenerlo actualizado, pero a la vez es dificil tener tiempo para él. Por esa razón quisiera solicitar la ayuda de ustedes para mantener este blog actualizado, además de publicar el mismo blog en otros idiomas. Las personas que deseen ayudarme con esta labor, sírvanse escribir a hu7886_evanescence@hotmail.com expresando por qué les gustaría ser escritores (o traductores) de este Blog. Por favor envíen los siguentes datos:

Nombre completo (Obligatorio)
Congregación (Obligatorio)
País (Obligatorio)
Edad (Obligatorio)
Fecha de bautismo (Obligatorio)
¿Toda su familia es testigo? (Obligatorio)
¿Por qué quiere se escritor del Blog "Conociendo las cosas profundas de Dios"? (Obligatorio)
Idiomas que habla (NO Obligatorio)

De antemano gracias por su valiosa ayuda, espero publicar una nueva entrada la siguiente semana y disculpen por mi ausencia.

jueves, 7 de enero de 2010

VIVIR CRISTIANO: SIENDO OBEDIENTES AL ASISTIR A NUESTRAS ASAMBLEAS

“Y los hijos de Israel procedieron a hacer conforme a todo lo que Jehová había mandado a Moisés. Hicieron precisamente así” (Números 1:54).
Estamos en la segunda semana de enero de 2010 y seguro que están por acabar —si no es que han acabado ya— las asambleas de distrito “¡Manténganse Alerta!”. La información presentada fue sumamente oportuna para los que vivimos en el tiempo del fin. Las asambleas son, como se dijo en el último discurso de la asamblea de distrito 2009-2010— “toques de alarma”; de allí la importancia de aprovechar al máximo la información presentada. Sin embargo, se ha visto que hay algunos “detallitos” que muchos hermanos pasan por alto en estos importantes eventos, “detallitos” que en realidad demuestran nuestro amor a Jehová, la cantidad y calidad de aprecio que sentimos por la información que presenta el “esclavo fiel” y la obediencia a Jehová y sus representantes terrestres. A continuación trataremos algunos asuntos en los que quizás tengamos que mejorar.

Asientos: Por lo general contamos con Salones de Asambleas amplios o estadios grandes, pero en muchos casos podemos ver deficiencia de lugares, esto se debe a que cada vez más, miles de personas se unen a las filas de los adoradores verdaderos lo que representa un considerable aumento (Revelación 7:9). Especialmente en las asambleas de distrito y el día domingo (el día del drama) nuestras asambleas suelen ser concentraciones de miles de personas. Génesis 1:26 muestra que Jehová nos hizo a su imagen, lo que significa que podemos desplegar cualidades como las de él, como el amor, la justicia y la sabiduría. Ahora bien ¿imitaremos a Jehová al hacer uso de los asientos? ¿Cómo? Veamos:
“Cuando se abran las puertas […] nos abstendremos, por consideración a los demás, de correr o de abrirnos paso a empujones para llegar antes que nadie a nuestros asientos preferidos. Solo podemos reservar asientos para quienes viajan con nosotros en el mismo vehículo o viven en nuestra casa (1 Cor. 13:5; Fili. 2:4)” dijo Nuestro Ministerio del Reino de abril de 2004. ¿Ponemos en práctica estos consejos? Si llegamos temprano ¿nos limitamos a apartar lugar a los que viven en nuestra misma casa o viajan en nuestro vehículo, o le apartamos a nuestros amigos también? Si un amigo nuestro será acomodador en la asamblea o sabemos que llegará más temprano ¿nos pasa siquiera por la mente pedirle que nos aparte lugar? Si usted sirve de acomodador y alguien que no vive en su casa le pide que le aparte lugar ¿lo hace? En ambos casos no estamos imitando a Jehová ni su cualidad del amor porque 1 Corintios 13:5 dice que el amor “no busca sus propios intereses”. Tampoco estaríamos imitando la cualidad de la justicia; pregúntese ¿es justo y amoroso que hermanos que han madrugado para llegar temprano tengan que sentarse hasta atrás o lejos de la plataforma cuando yo o un mi amigo que no se ha esforzado tanto por llegar temprano tenga ya su lugar apartado? Si usted es un acomodador nunca olvide que al que más tiene más se le exige y si a usted se le ha considerado ejemplar para ese privilegio debería esforzarse por cumplirlo a cabalidad y obedecer las instrucciones del esclavo fiel.

Música: Desde tiempos antiguos la música ha formado parte íntegra en la adoración pura, como bien se mostró en el discurso “Versos que nos mueven a ‘vigilar cuidadosamente’ cómo andamos” del día viernes de la asamblea de distrito 2009-2010. La música sigue siendo parte importante en nuestras asambleas y el esclavo fiel y discreto ha hecho arreglos para que haya 20 minutos de música diarios, música tomada de la colección Kingdom Melodies. ¿Cuál debe ser nuestra actitud hacia el preludio musical? Veamos lo que nos dice el “esclavo fiel”:“Al inicio de cada sesión, cuando el presidente nos invite bondadosamente a tomar nuestros asientos antes de que empiece la música, debemos terminar nuestras conversaciones de inmediato y sentarnos para esperar a que comience el programa.” (Nuestro Ministerio del Reino abril de 2007). ¿Porqué deberíamos sentarnos a escuchar cuando empieza el preludio? Porque, como dijo un superintendente de circuito: ‘La música que se escucha en las asambleas centra nuestra mente en cosas espirituales y nos prepara mentalmente para recibir el alimento espiritual que está a punto de servirse’. ¿Hacemos caso omiso de este consejo, o nos sentamos a escuchar con atención la hermosa música del preludio? Quizás nos parezca algo pequeño pero no olvidemos lo que dijo Jesús en Lucas 16:10: “La persona fiel en lo mínimo es fiel también en lo mucho, y la persona injusta en lo mínimo es injusta también en lo mucho”. Si no obedecemos este pequeño consejo ¿realmente estamos preparados para ser obedientes en asuntos más serios? Además, tan solo pensemos en el arduo trabajo y la cantidad de años que llevó a cientos de hermanos —quizás miles de todo el mundo— el preparar nuestro nuevo cancionero, traducirlo a los idiomas respectivos, hacer las grabaciones en piano, hacer las grabaciones orquestales para las asambleas y hacer las grabaciones orquestales para los preludios ¿le parece poco eso? ¿Valora usted —al igual que Jehová— la música que ellos han preparado? ¿Le da poca importancia al resultado de tanto trabajo? De ser así, es posible que necesite mejorar la calidad de su aprecio hacia las cosas espirituales.

Compras: En varias localidades es común que vendedores ambulantes se acerquen al lugar de la asamblea atraídos por la multitud para tratar de vender sus productos, que al menos en mi país varían desde porta-tarjetas de solapa, forros para publicaciones hasta comida y bebidas calientes. ¿Cómo deberíamos actuar? El superintendente de circuito y la Sucursal de mi país han mandado continuas cartas pidiéndonos que no compremos con los vendedores ambulantes que venden sus productos frente a la entrada del salón del Asambleas, ¿por qué? Porque las aglomeraciones de ese tipo dan mal testimonio, además que en algunos casos han resultado en tragedias. La última carta que recibimos del superintendente de circuito nos rogaba que fuéramos obedientes. ¿Seremos obedientes al respecto? El hacerlo demostrará que nuestra lealtad a la soberanía de Jehová es sincera, pues aceptamos su autoridad y la que ha transferido a sus siervos nombrados por espíritu, de quién el apóstol Pablo dijo: “Sean obedientes a los que llevan la delantera entre ustedes, y sean sumisos” (Hebreos 13:17).

Goma de mascar: “No comer ni masticar chicle durante las sesiones es otra forma de mostrar respeto” dijo La Atalaya del 1 de noviembre de 2006, ¿porqué? Porque, como señala esa revista, las reuniones y asambleas son sagradas, y el mascar chicle (goma de mascar) demuestra falta de respeto al carácter sagrado de las reuniones.

Estos son solo algunos de los consejos que han dado el Esclavo Fiel y Discreto y sus representantes, consejos que se adaptan a las necesidades de cada circuito, distrito o país. En todo caso debemos ser obedientes en lo mínimo para ganar el favor de Jehová. Seguro que el desobedecer estos consejos no es un pecado muy grave, pero recordemos que nunca deja de ser un pecado pues Santiago 4:17 dice: “Por lo tanto, si uno sabe hacer lo que es correcto y, sin embargo, no lo hace, es para él un pecado.” Recordemos que Noé sobrevivió al diluvio porque “hizo precisamente así” (Génesis 6:22) y los Israelitas también “hicieron precisamente así” (Números 1:54). ¿Hacemos nosotros precisamente así? ¿Nos esforzamos por obedecer las instrucciones de Jehová mediante su “Esclavo” aún en las cosas que nos parecen muy pequeñas? Jesús dijo: “A todo el que oye estos dichos míos y los hace se le asemejará a un varón discreto […] Además, a todo el que oye estos dichos míos y no los hace se le asemejará a un varón necio” (Mateo 7:24, 26). Si obedecemos a Jehová hasta el grado que nuestra imperfección lo permita debemos estar felices, pues obedecer en “lo mínimo” nos traerá abundantes bendiciones (Deuteronomio 28:2; Lucas 11:28).

lunes, 28 de diciembre de 2009

VIVIR CRISTIANO: “¿QUÉ HAGO SI SÉ QUE UN HERMANO COMETIÓ UN PECADO GRAVE?”

“Ahora bien, en caso de que peque un alma por cuanto ha oído maldecir en público y es testigo, o lo ha visto o ha llegado a saber de ello, si no lo informa, entonces tiene que responder por su error”
Levítico 5:1 —

De alguna forma Carlos supo que Mario se había emborrachado, pero no solo una vez, sino tres. Mario era amigo íntimo de Carlos, de modo que Carlos se encuentra ante un dilema: ¿debería acusar a su amigo? ¿Qué debería hacer? ¿Hablar con Mario? ¿Ir directamente con los ancianos? ¿O será mejor si guarda silencio? La Biblia da sabios consejos.

Primero que nada, ¿debería Carlos guardar silencio? El principio bíblico de Levítico 5:1 nos ayuda a comprender la situación. Allí dice: “Ahora bien, en caso de que peque un alma por cuanto ha oído maldecir en público y es testigo, o lo ha visto o ha llegado a saber de ello, si no lo informa, entonces tiene que responder por su error”. ¿Qué significan esas palabras? ¿A qué se refiere cuando habla de “maldecir en público”? Veamos.

Cuando un israelita era víctima de una injusticia, la persona culpable debería pagar por ese error. Pero, ¿qué pasaba cuando la víctima no sabía quién había sido quien había cometido el pecado? Se ponía en la puerta de la ciudad a proferir maldiciones en contra de esa persona. Al escuchar las maldiciones las personas sabían que se estaba buscando al culpable del pecado, así que si alguien sabía quién era el autor de la injusticia y no lo informaba debía responder por su error.

Así que el pecado mencionado en Levítico 5:1 no es proferir maldiciones. Profería maldiciones la persona inocente, y los testigos del pecado debían presentarse a acusar al pecador delante de los jueces.

Este relato nos ayuda a responder a la pregunta ¿Debería Carlos guardar silencio? Claramente el principio bíblico responde: ¡No! Ahora bien ¿con quién debería hablar Carlos? Todo dependerá de la situación.

La Biblia insta a no encubrir pecados ajenos, pues al encubrirlos nos hacemos partícipes de ellos, así que también estaremos pecando contra Jehová (1 Timoteo 5:22). Sin embargo, saber con quién debería hablarse dependerá en buena medida de las circunstancias.

En algunos casos será necesario el discernimiento para saber a qué persona dirigirse. En algunos casos quizás sea sabio hablar con la persona que cometió el pecado grave. Esto también sería amoroso por nuestra parte, pues le brinda la oportunidad al pecador de disfrutar la misericordia mostrada al que no encubre su pecado (Proverbios 28:13).

Aún así es posible que haya casos en los que sea necesario ir directamente con los ancianos de congregación para informar el pecado grave. ¿Cuándo? Esto dependerá de muchos factores. Por ejemplo ¿Cuántas personas más saben el asunto? ¿El pecador sabe que usted está enterado? ¿Se percibe arrepentimiento sincero? ¿Acudirá él a los ancianos o está tratando de encubrir por todos los medios su error? En todos los casos lo mejor es pedir la guía de Jehová mediante la oración y la lectura de publicaciones que el “Esclavo Fiel y Discreto” ha suministrado a fin de tomar la decisión más sabia y amorosa (Filipenses 2:3, 4).

No debemos olvidar que el silencio no es una opción. Debemos ver cómo influye en nosotros el principio expuesto en Levítico 5:1. Cada pecado grave que se comete ofende a Jehová, así que los pecados son en contra de él. Así que Jehová prefigura al israelita inocente que exigía que se presentara testigos ante los jueces. En la actualidad es Jehová quien está, por decirlo así, profiriendo maldiciones, exigiendo que se presenten testigos para que el pecado encubierto salga a la luz y se haga justicia. Los jueces en la actualidad son los ancianos de la congregación.

Nuestro sentido de la justicia nos debería decir que no debemos encubrir un pecado grave. Pero esto no es solo un asunto de justicia y disciplina. Recordemos que nuestro hermano que ha pecado está en una situación de grave enfermedad espiritual, enfermedad que puede costarle la vida misma. ¿Querría usted hacerse culpable de derramamiento de sangre al encubrir un pecado? (Compárese con Ezequiel 3:18 y 33:14).

Al denunciar un pecado lo hacemos, no por causar daño a nuestro hermano, sino por que lo amamos y amamos la congregación, de modo que queremos mantenerla pura. Cuando un pecado está encubierto en la congregación el espíritu santo de Jehová ‘se contrista’ (Efesios 4:30). Por poner un ejemplo, en una congregación durante un tiempo se veía poco progreso, así que fue necesario remover ancianos de esa congregación. Algunos de ellos hasta fueron expulsados de la congregación, ¿cuál fue el resultado de que salieran a luz pecados graves? Que tras esa limpieza la congregación empezó a crecer, y actualmente se distingue por ser muy amorosa. Los que fueron expulsados humildemente se arrepintieron y actualmente sirven fielmente a Jehová y disfrutan de la influencia positiva del espíritu santo.

Las medidas disciplinarias de la congregación podrían parecer extremas en algunos casos, pero siempre se persigue el mismo objetivo: que el pecador recupere su relación con Jehová. Así que si alguna vez nos enteramos de que alguien, quizás un amigo íntimo, ha cometido un pecado grave no deberíamos dudar qué hacer. Si el amor que tenemos hacia nuestro hermano es sincero, querremos ayudarlo, y no lo ayudaremos guardando silencio. A su vez, si el amor que él tiene por Jehová es ‘sin hipocresía’ y su arrepentimiento es sincero las probabilidades de que sea expulsado de la congregación son mínimas. Las penalidades y bochornos que el hermano podría pasar al ser disciplinado serán superados con creces al producir los resultados. Así que, por amor a Jehová y a nuestros hermanos nunca callaremos un pecado grave. (Romanos 12:9; Hebreos 12:11).

lunes, 30 de noviembre de 2009

VIVIR CRISTIANO: ¿ES NECESARIO CONFESAR LOS PECADOS A LOS ANCIANOS?

LES ANIMAMOS ENCARECIDAMENTE A LEER UNA ENTRADA ACTUALIZADA SOBRE ESTE TEMA, EN EL VÍNCULO QUE ENCONTRARÁN A CONTINUACIÓN:

http://jomaixtj.blogspot.com/2013/02/la-confesion-quien.html

“Haré confesión acerca de mis transgresiones a Jehová”
— Salmo 32:5 —


En cierto momento de nuestra vida, la mayoría experimentamos momentos de debilidad espiritual y moral. Estando nuestra espiritualidad débil corremos alto riesgo de cometer pecados graves. Nos rodea el degradante espíritu del mundo y si nos descuidamos, nos infectará. Los programas de la TV presentan la violencia como algo emocionante, las relaciones sexuales prematrimoniales y la borrachera como algo normal y hasta el estilo de vida gay como algo totalmente aceptable. Por esa razón es posible que nuestra conciencia empiece a acostumbrarse a tales situaciones y empecemos a tolerar tales prácticas condenadas por la Biblia. Si seguimos tolerando tal conducta es posible que después pasemos a aceptarla, y tras aceptarla nada impedirá que la practiquemos. Si eso nos ha sucedido, ¿qué debemos hacer? Tras cometer un pecado grave muchos tratan de encubrirlo.

La Biblia relata cómo el Rey David trató de encubrir pecados graves. Dejó que sus ojos alimentaran su deseo de tener relaciones sexuales con Bat-Seba, así que mandó traerla y se acostó con ella. Cuando supo que ella estaba embarazada trató de ocultarlo intentando que el esposo de Bat-seba, Urías, se acostara con ella. Como no lo logró hizo que Urías muriera en el campo de batalla. En este caso vemos al menos dos pecados graves: Adulterio y Asesinato (2 Samuel capítulo 11).

Por supuesto que como ser humano imperfecto David quiso ocultar su pecado, pero tal plan no funcionó pues Jehová usó a su profeta Natán para desenmascarar a David. Natán logró que David se arrepintiera, de modo que hizo lo que expresó en el Salmo 32:5, confesar su pecado a Jehová. Jehová lo perdonó y le permitió seguir viviendo, aunque no lo libró de las malas consecuencias de su proceder.

En la actualidad pueden surgir situaciones similares. Es posible que alguien de buen corazón y que ame a Jehová deje que su espiritualidad se debilite, de modo que llegue a cometer un pecado grave. Al pasar el tiempo es probable que su conciencia lo empiece a condenar, ¿qué debe hacer? Primero que nada, debe arrepentirse, no por las consecuencias que le trae su pecado, sino por haberle fallado a Jehová. Luego debe confesar su pecado a Jehová, pero, ¿es suficiente? No, pero quizás se engañe pensando que Jehová lo perdonará aún si no lo confiesa a los ancianos. Analicemos si es realmente necesario que confesemos nuestro pecado a los ancianos de la congregación.
En el caso de David podemos notar que Jehová no habló directamente con David sobre el asunto, usó al profeta Natán, un ser humano de imperfecto al igual que David. En el tiempo de la nación de Israel Jehová se comunicaba directamente con Moisés sobre asuntos importantes, pero, ¿qué sucedía cuando se acusaba a alguien de cometer un pecado grave? De nuevo se usaba a seres humanos imperfectos para determinar el asunto; eran los jueces los que tenían que “escudriñar cabalmente” el asunto. Aunque era una época en que Jehová sí hablaba directamente con los humanos, en estos casos Jehová, aunque de seguro guiaba con su espíritu a los Jueces, no les hablaba directamente para tomar las decisiones (Deuteronomio 19:15-21). Esto demuestra que Jehová, desde que estableció su adoración organizada en la tierra ha usado humanos imperfectos a quienes guía con su espíritu para tratar estos casos.

¿Han cambiado los asuntos en la congregación Cristiana? No mucho. El discípulo Santiago escribió: “¿Hay alguno enfermo entre ustedes? Que llame a [sí] a los ancianos de la congregación” (Santiago 5:14). ¿A que se refería el discípulo Santiago? Está claro que se refería a enfermedad espiritual, ¿cómo lo sabemos? En el versículo 13 el discípulo contrasta el que alguien esté sufriendo mal con el contentamiento, así que el contexto muestra que el discípulo habla de un estado psicológico. Por otra parte, el discípulo Santiago dice que si alguien está enfermo que llame a los ancianos, no dijo que llamara a los hermanos que tuvieran el don de la curación, y recordemos que en 1 Corintios 14:5 se da indicios de que no todos tenían todos los dones del espíritu pues allí se señala que algunos disfrutaban del don de lenguas y otros del don de la profecía, así que no por ser anciano alguien automáticamente adquiría los dones del espíritu, incluyendo el don de hablar en lenguas, el don de profetizar o el don de la curación milagrosa. No dijo tampoco que llamara a los médicos. Esto nos indica otra vez que se refería a una enfermedad espiritual, abatimiento por haber cometido un pecado pues relacionó el llamar a los ancianos con ‘confesar abiertamente los pecados’ y con recibir sanación (versículo 16). Esto nos lleva a la conclusión de que el discípulo no se refería a una enfermedad espiritual. Y es que cuando cometemos un pecado grave nos hallamos gravemente en un estado de enfermedad espiritual. Cuando el que comete un pecado grave de verdad ama a Jehová, siente pesar por haber fallado. Sin duda se identifica con los sentimientos del Salmista quien dijo: “Cuando me quedé callado, se me gastaron los huesos por mi gemir todo el día” (Salmo 32:3). ¿Qué hacer en esos casos?

Puede que alguien piense que lo que dijo el Salmista en el Salmo 32:5 es suficiente, a saber, confesar el pecado a Jehová. Escudándose en que esto es suficiente, posiblemente el pecador se niegue a ‘llamar a los ancianos’ y ‘confesar abiertamente su pecado’; esta actitud no necesariamente indica que el pecador no está arrepentido de corazón, pues pudiera ser que evitara hablar de eso con los ancianos debido a la misma vergüenza que siente por su penosa situación, quizás tampoco quiere correr el riesgo de ser expulsado de la congregación, o en algún caso en donde se envuelve el orgullo, es posible que no hable con los ancianos por que no quiere perder sus privilegios. Quizás piense que con haberse arrepentido y pedido perdón a Jehová en oración es suficiente, pero ¡no debemos engañarnos con ese razonamiento falso!

Notemos algo muy interesante en Santiago 5:14, 15, pues el discípulo relaciona el llamar a los ancianos con recibir perdón de pecados. Esto bien nos puede indicar de que esnecesario llamar a los ancianos para obtener perdón de Jehová. De modo que no es suficiente solo con pedir perdón a Jehová, hay que llamar a los ancianos y la ‘oración de ellos’, posiblemente oración hecha en un comité judicial, nos “sanará”, y así obtendremos el perdón de Jehová. Además de eso los ancianos nos darán consejos que nos ayuden a seguir fuertes en sentido espiritual y resueltos a no volver a pecar. Esto se evidencia por las palabras del discípulo Santiago cuando dice “que ellos [los ancianos] oren sobre él, untándo[lo] con aceite en el nombre de Jehová” (Versículo 14). ¿A qué se refería Santiago? Entendemos mejor estas palabras cuando leemos el Salmo 141:5 que dice: “Si me golpeara el justo, sería una bondad amorosa; y si me censurara, sería aceite sobre la cabeza, que mi cabeza no querría rehusar.”. De modo que la censura que los ancianos nos darán, así como sus amorosos consejos son ese “aceite” que mencionó Santiago y que contribuirán a nuestra curación espiritual.

Lo más sensato es pedir la ayuda de los ancianos; no debemos temer ser expulsados si no hemos convertido el pecado en una práctica o si estamos sinceramente arrepentidos, pues se expulsa únicamente a los que practican el pecado y los que no se han arrepentido. Además, sin la confesión será imposible obtener el perdón de Jehová. Ahora bien, sabemos qué hay que hacer cuando cometemos pecados graves, pero, ¿qué haremos cuando nos enteramos de un pecado grave que ha cometido otromiembro de la congregación? ¿Qué acciones tomará la congregación ante una acusación de ese tipo? La Biblia dice qué hay que hacer y de eso trataremos en la siguiente semana.

lunes, 23 de noviembre de 2009

21 de diciembre de 2012… ¿El día señalado para “el fin”?

“La visión es todavía para el tiempo señalado […] No llegará tarde”
— Habacuc 2:3 —

Conforme avanzamos hacia el final de la primera década del siglo XXI ha habido un creciente interés en el año 2012 ¿Por qué? Principalmente por algunas profecías, tanto de los Mayas como de Nostradamus. Los astrólogos y numerológos coinciden en que hay eventos cósmicos —como la alineación del sistema solar con el centro de la galaxia— y un patrón numérico que apunta a la misma fecha señalada por la profecía maya: 21 de diciembre de 2012. Muchos son escépticos a esto, pero muchos otros están preocupados, ahora bien ¿cuál es punto de vista de los cristianos y cómo debe influir en usted los acontecimientos que ocurrirán al pasar los pocos años que quedan?


La Biblia muestra claramente que Jehová ah señalado un día para acabar con la maldad, como bien se muestra en las palabras de Habacuc 2:3. ¿Es ese día señalado el 21 de diciembre de 2012? Es posible, pero improbable ¿Porqué? Es posible porque para Jehová “todas las cosas son posibles” (Mateo 19:26). Pero el que Jehová haya escogido precisamente ese día es muy improbable ¿Por qué? “Porque el Señor Soberano Jehová no hará ni una cosa a no ser que haya revelado su asunto confidencial a sus siervos los profetas” responde Amos 3:7. Él ya ha revelado a “sus siervos los profetas” que llegaría un fin y reveló qué acontecimientos señalarían que el fin está cerca. Sabemos cuáles son esas señales y ya las hemos analizado con detenimiento, pero a sus “siervos los profetas” Jehová nunca ha revelado una fecha para el fin.


El mayor profeta de Jehová, su propio hijo, dijo estas importantes palabras: “Respecto a aquel día y hora nadie sabe, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino solo el Padre”. Pensemos en las tres partes resaltadas en negrita y cursiva: “aquel día”, “nadie sabe” y “ni el hijo, sino solo el Padre”. El que Jesús haya usado las expresiones “aquel día” y “solo el Padre” indica que Jehová efectivamente ha señalado un día específico para traer el fin, pero claramente Jesús dijo que respecto a ese día nadie sabe, ni siquiera él sabía cuando estaba aquí en la tierra*. Si en el año 33 E.C. ni siquiera el propio hijo de Dios sabía cuándo vendría el fin, ¿cómo iban a saberlo personas cuyo auge de su período formativo fue unos 450 años antes que Jesús viniera a la tierra y ni siquiera adoraban al padre de Jesús? Eso es simplemente ilógico.


¿Qué hay de las predicciones de Nostradamus? Claramente no contaban con la aprobación de Jehová, dado que Nostradamus, en su intento de predecir el futuro se vio envuelto en horóscopos, astrología y conjuros de ritos paganos, cosas que la Biblia claramente condena y que son detestables a Jehová como bien muestra Deuteronomio 18:10-12, Revelación 21:8 y 22:15. Así que ni los mayas ni Nostradamus ni los astrólogos y numerológos actuales son los profetas de Jehová, de modo que sus predicciones —que van en contradicción clara de las palabras de Jesús— no provienen de Jehová.


Aunque es posible que algunas profecías de Nostradamus en verdad se hayan cumplido es algo que no debería extrañarnos pues Jehová muestra en Deuteronomio 13:1-4 que en efecto puede haber profetas cuyas predicciones se cumplan, pero cuando van en contra del propósito de Jehová son profetas que no fueron enviados por Dios.


El que la Biblia indique claramente que nadie sabe el día específico en que vendrá el fin, salvo el Padre, nos deja claro que no deberíamos creer que el 21 de diciembre de 2012 vendrá el fin. De hecho, tomamos en serio las señales de Jesús que indican que vivimos en la conclusión del sistema de cosas, que entre otras cosas incluye “Muchos vendrán sobre la base de mi nombre, y dirán: […] ‘El debido tiempo se ha acercado’. No vayan en pos de ellos” (Lucas 21:8). Nosotros no nos dejaremos engañar por estos falsos profetas y no nos atemorizamos al avanzar los días hacia esa fecha “señalada”.


El hecho de que muchas señales indiquen al 21 de diciembre de 2012 debe recordarnos a los eventos previos a octubre de 1914. Por varias décadas los testigos de Jehová habían predicho que los “tiempos de los gentiles” terminarían en octubre de 1914, pero justo antes de ese grandioso e importantísimo acontecimiento, Satanás, quien estaba listo para tratar de “devorar” al naciente Reino de Dios, hizo estallar la I Guerra Mundial ¿con qué propósito? Con el propósito de cegar a las naciones a los acontecimientos verdaderamente importantes, a saber, el fin de los “tiempos de los gentiles” y la entronización de Jesucristo como Rey del Reino mesiánico. (Revelación 12:1-5; Lucas 21:24 Reina-Valera).


Satanás, dando sus “patadas de ahogado”, sigue tratando de extraviar a las naciones y cegarlas a la voluntad de Dios. Está intentando distraer la atención de todos, de ser posible, de extraviar a “los escogidos” de Dios de los acontecimientos verdaderamente importantes y reales ¡No caigamos ante sus trampas! (Mateo 24:24).


Aún así tenemos claro que el fin se ha acercado. Todas las señales dadas por Jesús — lo que incluye falsos Cristos y Falsos profetas — se ven claramente. Los científicos saben con certeza que si la humanidad no cambia su trato a la tierra, a esta no le quedan muchos años de supervivencia, y sabemos que las masas humanas dominadas por Satanás no piensan cambiar sus hábitos. El hecho de que la raza humana en realidad corra peligro debido al arruinamiento de la tierra nos indica de que no le quedan muchos años a este sistema de cosas, pues el fin vendrá antes de que los humanos se destruyan a sí mismos (Revelación 11:18). Ciertamente no le quedan muchos años a este sistema moribundo.


Las “convulsiones” que está dando este sistema anuncian su próxima muerte, y ¿qué estaremos haciendo nosotros cuando por fin venga su destrucción? Debemos estar alerta. No deberíamos pensar que este sistema durará varios años más. Desde octubre de 1914 hasta ahora han pasado 95 años con dos meses ¡este sistema lleva viviendo en sus últimos días 95 años! ¿Cuánto más durará? La situación mundial está a su tope, ¿qué no hemos visto ya? Hemos visto terribles guerras como la I y II Guerra Mundial, vemos grandes escaseces de alimento en África e incluso en países centroamericanos como Guatemala, vemos a diario noticias escandalosas como parricidios, mujeres descuartizadas, niños abusados por miembros del clero y mucho más ¿aguantará este sistema 50 años más? ¿Aguantará usted mismo vivir en estas condiciones deplorables siquiera 20 años más?


Debemos imitar la actitud vigilante que Habacuc debió mostrar cuando Jehová le dirigió estas palabras: “Pues la visión se realizará en el tiempo señalado; marcha hacia su cumplimiento, y no dejará de cumplirse. Aunque parezca tardar, espérala; porque sin falta vendrá” (Habacuc 2:3 Nueva Versión Internacional). Aunque esta visión se ha “tardado” 95 años debemos esperar su glorioso cumplimento pues sin falta se realizará.


Estemos resueltos, por tanto, a seguir vigilantes a medida que los eventos avanzan hacia su glorioso cumplimiento. Sí, “el tiempo que queda está reducido” y aunque no sabemos ni el día ni la hora nos mantendremos alerta hasta que con ojos radiantes veamos la gran vindicación de la soberanía de Jehová cuando traiga ruina a todos los que “están arruinando la tierra”.


*NOTA: Es cierto que Jesús dijo que ni él sabía ni el día ni la hora en que vendrá el fin. Aún así es muy lógico creer que Jesús actualmente sí sabe el “día y la hora”, ¿porqué llegamos a esa conclusión? Porque en Revelación 6:2 se muestra a Jesús sentado en un caballo blanco avanzado, venciendo a sus enemigos y su cabalgar terminará al “completar su victoria”, es decir, al vencer a los enemigos de su padre en Armagedón (Revelación capítulo 19). Jesús empezó ese cabalgar en octubre de 1914 y si se le ha concedido el privilegio de vencer en el nombre de Dios y de “completar su victoria” en Armagedón es lógico que él, posiblemente desde 1914, esté enterado del día en que completará su victoria. (Véase La Atalaya del 1 de octubre de 1996, página 31, Preguntas de los Lectores).